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"Si llega inadvertidamente a oídos de quienes no están capacitados ni destinados a recibirla, toda nuestra sabiduría ha de sonar a necedad y en ocasiones, a crimen, y así debe ser". Friedrich Wilhelm Nietzsche.

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jueves, 14 de diciembre de 2017

Precisiones sobre la perversión.

Sigmund Freud señala que la perversión en los sujetos (hombres) es consecuencia del Complejo de Edipo no resuelto que incluye como componente central y fundamental la angustia producida por la castración. Cuando el niño edípico varón llega a la edad adulta es incapaz de experimentar la primacía genital con una mujer, ya que su madre permanece en su inconsciente y siente una extrema angustia ante la posible castración ejercida por su padre por lo negará la diferenciación entre los sexos y por lo tanto crea una “madre fálica”.
Esta teoría ha sido cuestionada por otros investigadores a la luz de estudios sistemáticos de las observaciones de la simbiosis madre-bebé y la conciencia de la importancia que tiene para ambos sexos el período de apego a la madre, o la llamada fase preedípica. En la actualidad se considera que la psicopatología perversa en los hombres se desarrolla en esta etapa, durante la cual la psicogénesis está profundamente relacionada con los intensos temores de ser “abandonado” o “seducido” por la madre; parece evidente entonces que la perversión masculina es el resultado de una conflictiva maternidad inicial. Pero por otro, son pocos los estudios sobre el origen de la perversión en las mujeres, posiblemente por una “represión”, para reconocer que también en estas existe, aunque se manifieste de diferentes maneras.
¿Por qué resulta tan difícil conceptualizar la noción de maternidad perversa y otros comportamientos femeninos perversos de acuerdo a una psicopatología diferenciada, por completo distinta, que se origina en el cuerpo femenino y sus atributos inherentes? Las ideas preconcebidas de los hombres han dificultado la comprensión de algunos comportamientos de las mujeres, incluyendo las perversiones femeninas, en ocasiones hasta el punto de negar toda evidencia de que éstas existan.
Debemos señalar que tanto para hombres como para las mujeres la perversión implica una profunda ruptura entre la sexualidad genital como fuerza vital –o amorosa– y lo que se encubre como sexual, pero que en realidad corresponde a etapas mucho más primitivas en las que la pregenitalidad impregna todo el cuadro.
En el caso de la perversión del hombre (macho), la profunda ruptura se da entre lo que el sujeto experimenta como su madurez anatómica y las representaciones mentales de su cuerpo, en el que se ve a sí mismo como un bebé incontenible y desesperado. Por lo tanto, aunque responda físicamente con un orgasmo genital, sus fantasías pertenecen a las etapas preedípicas. Durante la etapa adulta de este sujeto es cuando regularmente suele prepararse para “vengarse”. No es consciente de su odio. De hecho, habitualmente no comprende qué es lo que le domina ni por qué hace esas cosas que, en realidad no le proporcionan más placer que una efímera sensación de bienestar, aunque dure lo suficiente como para aliviar su creciente angustia. Desconoce por qué una sensación extraña, que sabe que no es correcta, hace que se sienta mejor, sólo por un tiempo. Le resulta aun más desconcertante saber que existen alternativas que obviamente le serían mucho más satisfactorias y que son aceptables socialmente. Es consciente, con todo el dolor que ello implica, de la compulsión a repetir la acción, pero no es del todo consciente de la hostilidad que la provoca. Además, la certeza de quién es la persona a la que odia y de la que quiere vengarse, permanece sumergida en su inconsciente, sobra decir que es el primer objeto (madre).
La principal diferencia entre la acción perversa de los hombres y de las mujeres está en el objeto. Mientras que en el caso de los hombres el acto se dirige hacia un objeto parcial externo, en el de las mujeres habitualmente se dirige contra sí mismas, bien contra sus cuerpos o contra objetos que consideran de su propia creación: sus hijos. En ambos casos, cuerpos e hijos son tratados como objetos parciales.
El perverso, sea hombre o mujer “siente” que no se le ha permitido disfrutar de la sensación de una evolución propia como sujeto diferenciado, con una identidad propia; en otras palabras, no ha experimentado la libertad de ser él mismo. Esto crea en su interior una profunda convicción de que, no es un ser total sino un objeto parte de su madre, tal y como experimentó a su madre en sus primeros años de vida. Con anterioridad, se había sentido no querido, ni deseado, e ignorado, o alternativamente, como una parte muy importante pero casi indiferenciable de la vida de sus padres (regularmente de su madre). En este último caso se sentiría sofocado y sobreprotegido (lo que en términos reales significa completamente desprotegido). Ambas situaciones crean una enorme inseguridad y vulnerabilidad, e inducen un odio intenso hacia el sujeto que las ha provocado, y que a su vez era lo más importante cuando era un infante: su madre. Por lo que estos sujetos pasan de ser víctimas a ser verdugos. En sus acciones perpetran las represalias y humillaciones que previamente se les infligieron. Tratan a sus víctimas de la misma forma en que ellos se sintieron tratados: como objeto parciales que sólo existen para “satisfacer caprichos y extrañas expectativas”. Tal aparente actuación sexual es una defensa maníaca contra los terribles temores relacionados con la amenaza de perder a la madre y un sentido de identidad.
«El rasgo fundamental de la perversión es que, simbólicamente, el sujeto intenta vencer el miedo terrible a perder a su madre a través de la acción perversa».En la infancia nunca se sintió a salvo con su madre, por el contrario consideraba a su madre como algo muy peligroso, lo que le producía una sensación de máxima vulnerabilidad. Por consiguiente, la motivación subyacente a la perversión es de tipo hostil y sádico. Este mecanismo inconsciente es característico de la mente perversa.
Hagamos un paréntesis y recordemos las las ideas de Ronald David Laing sobre las madres esquizofrenicas, postulados que fueron malinterpretadas por los profesionales de la salud mental y del público en general en culpar a estas mujeres porque “enviaban” mensajes contradictorios (anteriormente, en términos de Gregory Bateson, de doble vínculo) a sus hijos. Por consiguiente, en la psique de estos infantes reinaba la confusión; sentían que sus progenitoras no les permitían nunca saber lo que estaba bien o mal, dando con ello el comienzo a una estructura psicótica.
La desinformación o la ignorancia puede causar en los profesionales de la salud mental y del lego que hagan un señalamiento equivocado sobre este tipo de mujeres, sin preguntarse ¿y sus madres de estas féminas, cómo fueron? Generalmente a las madres se les considera automáticamente responsables de la condición de sus hijos. No se les comprende en forma real ni compasivamente; por el contrario, son condenadas por su mal comportamiento hacia sus vástagos. Tan sólo unos pocos observadores de la profesión clínica reconocen que estas madres a su vez habían atravesado experiencias traumáticas en su infancia, que en parte las ha conducido a actitudes crueles hacia sus hijos. La víctima casi siempre producirá más víctimas.


martes, 14 de noviembre de 2017

La fidelidad de la pareja Swinger.

“Es tan real la diferencia que existe entre la infidelidad de los dos sexos, que una mujer apasionada puede perdonar una infidelidad, pero ello resulta imposible para el hombre”. Henri Beyle “Stendhal”.

El valor simbólico que otorga el sujeto al intercambio de pareja (estilo de vida Swinger) tendría por propósito —entre otros— anticipar el «engaño» no deseado de la infidelidad sexual de su partenaire o de la suya, al permitirse ambos la experiencia sexual con otra u otras parejas, en un lugar y tiempo determinados para poner a prueba su vínculo y sus sentimientos amorosos.
El propósito de los ritos (el estilo de vida Swinger se considera un rito) es incidir sobre las relaciones entre las personas: “[…] la interpretación y la prevención son estrategias para preservar el presente, controlando el sentido de las relaciones pasadas o futuras”(Marc Augé). En ese sentido, las parejas Swinger tienen la creencia que su rito funciona para preservar, o en su caso, restablecer su vínculo, aunque esto lleve implícito, el riesgo latente de romper el lazo amoroso que tanto desean mantener.
El intercambio sexual puede ser entre dos parejas o también de manera colectiva, los adeptos ingresan a la comunidad Swinger y desarrollan la práctica en grandes o pequeños grupos con cierta organización, lo que provee un sentido social a esta particular subcultura. De esta forma, la actividad, como ritual, es un mediador entre los partenaires y el conjunto de las demás parejas que regulan la posibilidad de vivir la sexualidad sin que amenace, «supuestamente» su vínculo. Todo esto, por supuesto, en el caso de que el rito haya alcanzado el simbolismo buscado, aunque no siempre se logra porque uno o ambos consortes pueden llegar a vincularse afectivamente con otro con el que mantuvieron un encuentro sexual, y en consecuencia los cónyuges sufran una ruptura.
Existe una dimensión paradójica, pues si ese ritual de intercambio de parejas aspira a prevenir y controlar la infidelidad y la fractura amorosa, no siempre alcanza su pretensión de mediación simbólica; es decir, a imprimir el orden que se espera, y algunos participantes llegan a crear lazos amorosos con un tercero, con lo cual se materializa el peligro que precisamente se quería evitar.
El estilo de vida Swinger realmente obedece menos al supuesto de un «ensayo» para evitar el «engaño» traducido en infidelidad, “estando más cerca de una lógica de la experimentación, según la cual “cada cual quiere experimentar por sí mismo, en detalle, concretamente, si sus sentimientos son fundados y si su elección ha sido correcta” (Pierre Kaufmann). Podría entonces verse que la práctica Swinger como una etapa (o posibilidad) de la experimentación, incluso cuando la pareja inicia en su aspecto romántico, con una explosión sentimental fulgurante, por lo que su permanencia podría acompañarse, en lo sucesivo, con episodios en los que ambos partenaires pondrán a prueba la solidez de su compromiso; en estos casos la experimentación amorosa se ha tornado, por tanto, ineludible.
Otras hipótesis en torno al estilo de vida Swinger sugieren que pueden deberse a la necesidad de algunos cónyuges de recobrar algo del placer sexual perdido al «probar» otra pareja. Collete Soler sugiere que en la condición actual —de mayor igualdad entre hombres y mujeres— y de competencia entre ellos aparece la inquietud por “quién da más”, “quién ama más” o “quién goza más sexualmente”, y que la práctica Swinger puede ser un campo de experimentación para responder estas preguntas. Además, en el caso de los hombres respecto de su capacidad de satisfacer el placer femenino se podría someter a prueba si hay algún otro (hombre o mujer) que sea capaz de colmar el placer que requiere ella, o si, como él, otros fracasan también en ese intento, un fantasma muy común en estos sujetos.
Y por último podríamos expresar que las motivaciones de los hombres y de las mujeres son diferentes para experimentar un intercambio de pareja, mientras las féminas lo harían por mantener y consolidar su relación de pareja –esto es, “por amor”–, los hombres lo harían para romper con la monotonía, para diversificar el deseo y sobre todo para disipar su «curiosidad» por saber cuanto más y cómo goza su mujer en los brazos de otro. ¿Será acaso qué esa «curiosidad» proviene de la infancia cuando observó la Escena Primaria?


El masoquismo presente en el estilo de vida Swinger.

“Ningún acto de posesión debería ejercerse sobre un alma libre”. Donatien Alphonse François de Sade “Marqués de Sade”.

Regularmente el masoquismo sexual toma la forma de un guión actuado en el contexto de una relación objetal estable, sentida como segura. Las dinámicas inconscientes típicas, que se centran en conflictos edípicos, incluyen la necesidad de negar la angustia de castración y de apaciguar a un Superyó cruel para obtener una gratificación sexual que tiene significados incestuosos.
Los guiones inconscientes incluyen también la actuación de identificaciones conflictivas con el otro sexo (homosexualidad latente) y la identificación con un objeto incestuoso castigador y sádico.
La característica de “como si”, de interpretación teatral del guión sexual es común a todas las perversiones de índole masoquista.
La perversión sexual puede incluir la actuación simbólica de las experiencias de la Escena Primaria (por ejemplo el triángulo edípico) en la forma de un «ménage à trois»*, en la cual la mujer —regularmente— es obligada, o inducida, o persuadida, o convencida por su cónyuge a tener relaciones sexuales con un tercero, o bien presenciar el coito entre el esposo y el tercero, como condición para el coito y la gratificación sexual entre los consortes, posteriormente. En el primer caso, el esposo busca en primer plano brindarle mayor placer a su mujer (él se siente impedido en mayor o menor grado para satisfacerla) pero lo que realmente pretende a nivel inconsciente es sentirse humillado al ver a su esposa poseída en brazos de otro; en el segundo caso afrenta a su mujer, en el momento de presenciar como goza él con otra. La humillación es pieza fundamental del masoquismo, aunque generalmente es inconsciente.

*Ménage à trois, frase de origen francés, es un término que describe un acuerdo de tres personas para mantener relaciones sexuales y conformar un hogar. En un sentido más amplio, el término designa con frecuencia a un trío sexual cuyos miembros pueden formar o no una relación permanente. Sin embargo, su significado se ha extendido tanto que incluso puede ser entendido como cualquier relación de convivencia entre tres o más personas (estilo de vida Swinger).


​La película pornográfica, psicoanálisis.

“Supuse que todo debía ceder a mis deseos, que el universo entero debía responder a mis caprichos y que tenía el derecho de satisfacerlos a mi voluntad”. Donatien Alphonse François de Sade, “Marqués de Sade”.

En el «guión» de las películas pornográficas hay una clara ausencia de funciones Superyoicas donde se subraya la ausencia de la vergüenza, característica de la sexualidad en la primera infancia, que está prácticamente abolida. Una vez que se acepta la ruptura de los valores convencionales y en particular de los valores individuales, la libertad respecto del juicio moral se duplica con la liberación respecto de la responsabilidad personal —esa liberación que Sigmund Freud ha señalado como característica de las masas—.
El espectador de estos filmes se identifica con actividades sexuales más que con interrelaciones humanas. La falta de ambigüedad, la carencia de sentido en la trama (casi inexistente) no permite ninguna fantasía adicional sobre la subjetividad de los protagonistas, por lo que esto contribuye a la mecanización del sexo.
La deshumanización de la relación sexual que es típica de la película pornográfica activa en el espectador —en especial cuando él o ella están en pareja o en grupo— sentimientos sexuales infantiles perversos polimorfos disociados de la ternura; entre ellos se cuentan los aspectos agresivos de la sexualidad pregenital, una degradación fetichista de la pareja, que en la intimidad sexual queda reducida a partes independientes corporales excitantes, y una implícita destrucción agresiva de la “Escena Primaria” en componentes sexuales aislados. En síntesis, lo erótico sufre una descomposición perversa, que tiende a destruir su vínculo con lo estético y también la idealización del amor romántico. En la medida en que el filme constituye un desafío radical a la moral convencional (de hecho, expresa una agresión profunda tanto contra el convencionalismo como contra la intimidad emocional) tiene también un valor psíquico de alto impacto. Pero incluso cuando un sujeto recurre a este tipo de películas para facilitar su excitación sexual en niveles primitivos de la experiencia emocional, la pornografía rápidamente se vuelve aburrida y contraproducente. La razón es que la disociación de la conducta sexual respecto de la compleja relación emocional de la pareja priva a la sexualidad de sus «implicaciones preedípicas y edípicas mismas que son la fuente del deseo sexual»; en síntesis, la escena vista en el filme pornográfico monótoniza el sexo.
Hay un paralelo entre el filme pornográfico y el deterioro del amor apasionado cuando en la relación sexual prevalecen los impulsos agresivos, cuando la agresión inconsciente destruye las relaciones objetales profundas y la falta de un Superyó integrado en cada partenaire facilita la disolución de la privacidad y la intimidad que provoca un sexo mecanizado. No es casual que la película pornográfica, que deliberadamente explota la disociación del sexo y la ternura, se termine experimentando (después del impacto inicial, sexualmente activador, del despliegue desafiante de una sexualidad perversa polimorfa) como mecánico y tedioso, del mismo modo que los sujetos que practican el estilo de vida Swinger al cabo de cierto tiempo experimentan una erosión de su capacidad para la excitación sexual como consecuencia del deterioro de sus relaciones objetales y la desestructuración del Complejo de Edipo.
También una de las características de la película pornográfica es que liberan a los espectadores de la carga pulsional implícita de la Escena Primaria invadida, pero al mismo tiempo existe la amenaza de confrontar la integración de la ternura y la sensualidad, que es intolerable para el Superyó en la etapa de la latencia. En este sentido, el filme pornográfico es lo opuesto de la película convencional (romántica-erótica) pero, paradójicamente, en todos los otros aspectos obedece al mismo dominio inconsciente del Superyó de la latencia. De hecho, aparte de la descripción de la interacción sexual, los filmes pornográficos tienden a ser sumamente parecidos (sin trama), y a menudo adoptan una aptitud “humorística” cuanto a la falta de comunicación de los participantes; esto le permite al espectador evitar cualquier reacción emocional o toma de conciencia profunda acerca de los elementos agresivos del contenido sexual de la película. La ausencia sorprendentemente sistemática de un marco estético refleja también la inexistencia de funciones Superyoicas maduras, lo que se expresa en la vulgaridad del decorado, de la música de acompañamiento, de los gestos y el ambiente en general. Lo típico es que el despliegue agresivo, la conducta voyeurista, el acto mecánico de penetrar y ser penetrado, la exhibición de los genitales y los fluidos que absorben y son absorbidos, contribuyen a la escisión del cuerpo humano en partes aisladas, cuya exhibición repetitiva indica un enfoque fetichista.
La descripción minuciosa que expresa Robert Jesse Stoller sobre los actores, directores y productores de filmes pornográficos ilustra dramáticamente sus experiencias traumáticas, agresivas, en particular de humillación y traumatización sexual en su infancia. Stoller dice que, para los involucrados en su producción, la pornografía representa un esfuerzo inconsciente por transformar esas experiencias mediante la expresión disociada de la sexualidad genital bajo el impacto de la sexualidad infantil perversa polimorfa. Aunque el filme pornográfico da la impresión de no ser como las películas convencionales, en uno y otras encontramos la misma disociación absoluta de los sexual y sensual respecto de los aspectos tiernos e idealizados del erotismo.


​La infancia del violador.

“Los niños comienzan por amar a sus padres. Cuando ya han crecido los juzgan , y algunas veces, hasta los perdonan”. Oscar Wilde.

No es casual que la el sujeto en el momento que comete la violación coloque a su víctima en posición a tergo o por sodomización. Simbólicamente marca la potencia viril y al mismo tiempo el signo referido ambivalente de la pasividad codiciada y renegada de la víctima.
Las conducta de violación que presenta el sujeto constituyen un ejemplo de lo que Sigmund Freud denominó «escisión del Yo». Recordemos la definición: «En lugar de una única actitud psíquica, hay dos; una, la normal, tiene en cuenta la realidad, mientras que la otra, por influencia de las pulsiones, separa al Yo de esta última».
Los medios de comunicación nos proporcionan ejemplos, hombres cuya inserción social es adecuada, en algunos casos hasta destacada, y las relaciones con su comunidad son apreciadas pero que de pronto nos enteramos por medio de la televisión, radio… que ha cometido abuso sexual o violación. La escisión del Yo es de tal magnitud en el violador que las personas cercanas a él no dan crédito de las noticias acerca de su siniestro comportamiento pues él se presenta ante los demás y a sí mismo con esa parte de su Yo que acepta la realidad, o por lo menos la parte de la realidad que no amenaza con poner en entredicho su funcionamiento psíquico, al precio de mantener con sus allegados relaciones prolongadas pero casi siempre superficiales. Pero hay otra realidad, inaceptable está por movilizar una angustia exacerbada relacionada con el abandono y el anonadamiento sufrido en su infancia a cargo de sus padres o quienes lo educaron, al mismo tiempo que moviliza también pulsiones imperativas dirigidas al objeto narcisista. La satisfacción de las pulsiones se cumple entonces en otro campo de la conciencia, razón por la cual el sujeto puede manifestar —aunque lo recuerde— que no fue él quien lo hizo, o en todo caso lo recuerda como un pasaje soñado en una pesadilla.
La escisión es un modo de defensa absolutamente particular, no específico, claro está, de los comportamientos de violación, y que contrapone dos partes de una misma instancia, el Yo; es, por lo tanto, totalmente diferente de la represión, que implica un conflicto entre instancias: oposición entre el Yo y el Ello.
La representación que tenga el niño de una madre fálica, es decir, todopoderosa, ambisexuada, podría ser una manera de precaverse del desastre de un anonadamiento posible. Sin embargo, cierta ambigüedad planea sobre numerosos escritos motivada casi siempre en la necesidad de objetivar las situaciones para tomarlas comprensibles, haciendo del niño y de la madre dos objetos separados mientras que, en los casos psicopatológicos, están ligados de manera tan inextricable que no se sabe dónde se encuentra la fuente pulsional.
¿La madre fálica es la que no deja espacio a la autonomía del niño, considerándolo precisamente como su propio falo y generando entonces en él una agresividad de protesta masculina dirigida a todas las mujeres? ¿O es el niño quien, en un movimiento de regresión y de rechazo de la separación, la hace omnipresente? En otros términos ¿Qué parte cumple la madre, en cuanto objeto real, sobre el destino de su hijo? Cualquiera sea el modo en que se establecen las cosas, en todos los casos de perversión y violación lo que se subraya es el papel preeminente de la «violencia» relacionada con las pulsiones eróticas.
Debe apuntarse a este respecto la postura peculiar de Robert Jesse Stoller, primeramente porque es uno de los pocos autores que sitúa a la violación en el marco de las perversiones considerándola una «cripto-perversión», una perversión disfrazada; después, entendiendo que la perversión representa «la forma erótica del odio», lo explica como respuesta a la atracción de una simbiosis con la madre, primer objeto de identificación; es decir, en una primera fase, como un deseo de ser mujer antes de devenir en ser un varón. Este odio se duplicaría en un revanchismo vinculado a los traumatismos sufridos en la primera infancia y provocados por la madre. Stoller, habla del miedo que padecen los violadores en una relación de intimidad con la mujer, obviamente no desde el punto de vista agresor-víctima, sino en un vínculo de pareja, donde después del coito parece surgir el espectro de la «imago materna arcaica». Esto nos induce a reconsiderar la construcción metapsicológica de la relación madre-niño, pero no como suele presentársela, o sea desde la perspectiva del miedo a la invasión por la madre fálica porque en el miedo a la intimidad, se trata en realidad de una representación de una mujer débil o, en todo caso, «deshecha». Esto nos remite a pensar sobre la mirada esquiva del perverso sobre el rostro de su pareja (no en sentido agresor-víctima) para no verla gozar, o bien a un nivel más profundo, negar el placer que siente ella.
Hay que reconsiderar entonces «el temor de derrumbe» al que alude Donald Woods Winnicott, analizado y comentado por Rene Roussillon.
En realidad, el temor de derrumbe futuro es, como sabemos, algo que se sitúa en el pasado pero que no pudo ser integrado por un Yo todavía demasiado frágil como resultado de la destrucción del objeto primario por los ataques del niño. Es necesario que el objeto sobreviva a fin de que la destructividad sea percibida como un fenómeno psíquico identificable como tal, y no como un derrumbe en el que todo se desploma. En función de estos datos, Roussillon propone considerar la tendencia a la destrucción y su repetición, no como una intolerancia a la frustración sino como el resultado de una «confusión primaria» entre el objeto y la fuente interna de destructividad, que genera una vivencia de un «Yo malo», núcleo persecutorio interno que apelará a la externalización repetida.
En el psicoanálisis se observa con bastante frecuencia que en los casos de conductas de violación, el sujeto siendo niño —futuro violador— no fue necesariamente él mismo la fuente de la destructividad sino que fue testigo impotente de la destrucción de la madre por un padre violento. La identificación narcisista con los dos protagonistas lo indujo entonces a vivir en una «confusión primaria de tres» donde se mezclan y se contradicen deseo de destruir y deseo de ser destruido, representados ambos en una escena primaria aterradora y reactivados en el estadio fálico, cuando la identidad sexuada tiene posibilidad de ser o de no ser. A quien se teme es, por lo tanto, a la madre débil, en tanto que la construcción de una madre fálica, secundaria, viene a paliar tanto la vivencia de derrumbe como el deseo de recibir el falo paterno, deseo que reduciría al sujeto a una identificación con la madre destruida. En realidad, es aventurado hablar de deseo cuando los movimientos se efectúan en un contexto de identificaciones primarias con enquistamientos narcisistas. Se trata más bien de necesidad de una madre todopoderosa para no ser destruido, pero de una madre que va entonces a destruir. Estamos en plena paradoja. Es comprensible la apelación a medios de defensa radicales cada vez que una situación de la realidad hace resurgir ese combate impracticable.


​El uso de preservativo como rechazo inconsciente hacia la pareja.

“Debemos aplicar violencia al objeto de nuestro deseo. Así, cuando se rinda, el placer será mayor”. Donatien Alphonse François de Sade, “Marqués de Sade”.

A manera de introducción podemos decir que el preservativo fue inventado con fines anticonceptivos, y posteriormente fue utilizado simultáneamente para prevenir enfermedades de transmisión sexual.
Ahora bien, a través del psicoanálisis se observa que el semen tiene ciertas peculiaridades para el sujeto con Estructura Perversa, donde representa un fluido sin valor, indiferente como si se tratara de la orina expulsada o como un líquido repugnante emanado del pene. Si profundizamos sobre la conducta que despliega el perverso en sus relaciones sexuales, confiesan un encuentro frío y monótono con su pareja, sobre todo en encuentros sexuales con desconocidos pues ni siquiera mantienen una conversación amena, y sí se suscita es enfocada sobre temas exclusivamente sexuales, donde preguntan o expresan sus preferencias o aversiones de índole sexual.
Cabe reiterar la posición que coloca el perverso siempre a su pareja: como «objeto de placer» (Goce).
Por el otro lado, existen algunos sujetos que después de practicar el sexo vía anal —sobre todo homosexuales— relacionan estrechamente el semen con una sustancia tóxica por ser la causante de la transmisión del virus de inmunodeficiencia (VIH).
Si es cierto que para la mayoría, el semen representa un fluido corporal integrante de la relación sexual, también podemos observar que para otros, esto no sucede así.
Para algunos sujetos la aversión al semen puede resultar de un rechazo inconsciente al partenaire por la connotación psíquica, producto de sus fantasmas, que le otorgan a dicho fluido.
Y por último, podemos observar en algunas mujeres, que al momento de exigir a su pareja el uso de preservativo, «supuestamente» por cuestiones anticonceptivas o de prevenir una enfermedad de transmisión sexual, realmente esconde un mecanismo de defensa de rechazo inconsciente hacia su partenaire, con la finalidad que su entrega sexual sea limitada. Es por eso que algunas mujeres, después de haber tenido una relación sexual insatisfactoria, humillante o se sintieron vejadas por el abandono posterior de la pareja, suelen afirmar con cierta vanidad: ¡Lo bueno que exigí usará preservativo! Frase que encierra el simbolismo sobre “algo” (preservativo) que estuvo de por medio, que impidió —para fortuna suya— que su entrega sexual no fuera total; argumento inverosímil para reestablecer su profunda herida narcisista.


​La posición del psicoanálista frente al psicoanalizado.

“Cuanto más se acerca el hombre a un deseo acariciado, más lo desea; y como no lo alcanza, mayor dolor siente” Nicolás Maquiavelo.

Es interesante observar que perversos y psicóticos se sienten especialmente atraídos por la posición que mantiene el psicoanálista; los primeros, porque la suposición de deseo y el efecto de angustia que conlleva se avienen con su impulso a corromper y a dividir al otro; los segundos, porque la suposición de saber otorgada al psicoanálista puede corroborar su íntima certeza de saber ¿Qué quiere el “Otro”?
Se debe asumir con resignación que querer eliminar pura y simplemente a estos sujetos de la profesión de psicoanálista sería un proyecto tan vano como pretender prohibir la profesión de pedagogo a los paidófilos, la de cirujano a los sádicos, la de enfermera a las histéricas…
Lo verdaderamente escandaloso no es esto sino el punto crucial es que la captación del deseo del psicoanálista ha de pasar forzosamente por la confrontación con el “fantasma sadiano”, confrontación impuesta, efectivamente, por una analogía estructural. Para persuadirse de ello, es suficiente con comparar, en la enseñanza de Jacques-Marie Émile Lacan, las fórmulas que propone para el fantasma sadiano, por una parte, y para el discurso del psicoanálista, por otra. O, en una perspectiva más directamente clínica, basta con leer los últimos escritos de Sandor Ferenczi, especialmente su “Diario Clínico”.
La relación psicoanalítica no es sin embargo, de por sí, una relación perversa; en principio es incluso todo lo contrario, y se debería poder definir el deseo del psicoanálista en estricta oposición al deseo del perverso. Pero, precisamente, tal oposición sólo puede captarse claramente a partir de los puntos en los que ambos deseos se entrecruzan, por lo que es de suma importancia determinar cuáles son estos puntos.
En la relación psicoanalítica ¿Hay algo capaz de evocar la relación del verdugo sadiano con su víctima? El planteamiento inicial de esta situación supone tal potencialidad, al menos como una cuestión concerniente a la afectividad del psicoanálista. Si el diario clínico muestra una percepción «aguda», es que, de entrada, el psicoanálista sólo sostiene su existencia y su función frente a la queja y el sufrimiento del paciente. Para que haya psicoanálista, ha de haber un sujeto que sufra, aunque esto tampoco resulta ser suficiente. Es preciso añadir que, a diferencia del terapeuta, médico, abogado, juez o sacerdote, quienes también reciben quejas, el psicoanálista, por su parte, no se queja: “No compadece a quien se queja”. Es insensible, como dice Ferenczi. La apatía del psicoanálista frente al sufrimiento por fuerza incitará al psicoanalizado a preguntarse lo que su “queja le inspira a su interlocutor, le llevará a suponer que puede hacerle Gozar”. De ahí el temor que con regularidad expresa el que sufre, al principio del psicoanálisis: ¿Acaso un psicoanálista —después de todo— no corre el riesgo de provocar un agravamiento aún mayor de su desgracia?
El psicoanálista no se siente obligado a anestesiar el sufrimiento, a reparar la injusticia o a dar a la queja un sentido redentor; sobre todo, no está ahí para «sufrir con el psicoanalizado», para compadecerlo. Su apatía se opone al pathos*. Semejante posición supone algo más que estoicismo**. En el sentido más fuerte del término, la posición del desprecio —si se procura entender como desprecio— no por el sujeto, sino por el pathos. El psicoanálista, en otras palabras, no concede al sufrimiento el valor que el sujeto sufriente, el sujeto psicopatológico, le otorga en su queja. Este desprecio es sólo la respuesta a una equivocación del psiconalizado.
Así se establece la primera analogía entre la posición del psicoanálista y la del “Amo Sadiano”. Lo que a este último le interesa no es, como demasiado a menudo se cree, el sufrimiento de su víctima. El sádico no busca simplemente hacer daño: quiere la división subjetiva que el sufrimiento permite hacer emerger en la víctima. Así, el psicoanálista y el Amo Sadiano tienen en común que ambos tratan de extraer el sujeto dividido del sujeto psicopatológico. Pero tal división sólo se revela verdaderamente mediante una partición entre el pathos y el logos***. Y la cuestión, precisamente, es saber qué ocurre con el logos en cada una de estas dos situaciones. En el relato sadiano, el héroe-verdugo obtiene un provecho de este reparto. La escena de tortura le permite, efectivamente, reapropiarse la totalidad del logos, dejándole a la víctima tan sólo un muñón de él: el grito. En la situación psicoanalítica, se produce exactamente lo inverso: el psicoanalizado dispone de casi toda la palabra, mientras que la parte del psicoanálista ¡se reduce a algunos suspiros y exhalaciones!

*Afecto vehemente del ánimo.

**Fortaleza o dominio sobre la propia sensibilidad.

***Discurso que da razón de las cosas.


​La Estructura Perversa y la Neurótica están presentes en el estilo de vida Swinger.

“El virtuoso se conforma con soñar lo que el pecador realiza en la vida”. Platón.

La pareja con estilo de vida Swinger está compuesta de un sujeto con Estructura Perversa y el otro con Estructura Neurótica, éste último intenta, a manera de parodia, proyectarse en la Estructura Perversa que tiene su partenaire.
Si el sujeto con Estructura Perversa se ubica imaginariamente como causa del deseo y de la división subjetiva del otro, el sádico y el masoquista no son –ni podrían ser jamás– complementarios, porque al participar de la misma estructura, ambos se ubicarían como “objetos de deseo” simultáneamente respecto del otro queriendo dividirlo, por la cual no se pueden complementar, por lo tanto el partenaire del perverso no podría ser, así, otro perverso, sino más bien un sujeto con Estructura Neurótica.
Ahora bien, el sujeto con Estructura Perversa está en la posición de objeto –de Goce– y quien detenta la Estructura Neurótica en la posición de sujeto –dividido– (Néstor Braunstein).
El prejuicio según el cual el perverso Goza sin represión es una fantasía neurótica: Ninguna pareja, donde ambos tienen Estructura Perversa puede sostenerse.
En la pareja con estilo de vida Swinger representa únicamente para uno de ellos, el punto culminante de la anhelada fantasía del Goce que desea concretar. Esta fantasía parte del sujeto con Estructura Neurótica que pretende «imitar parodiando» a la Estructura Perversa de su partenaire y con ello deshacerse de sus inhibiciones, que le son propias.
Por el otro lado el sujeto con Estructura Perversa no es que carezca del Complejo de Castración, lo tiene, sólo que lo “desmiente”, obviamente para desmentir primeramente debe reconocerlo (ya lo sé, pero aun así…). La “desmentida” recae sobre la castración, así el fantasma que se coloca en el perverso es por lo tanto un fantasma encubridor, la construcción especular de un Yo que se representa a sí mismo como sujeto supuesto saber-gozar (Néstor Braunstein).
El perverso sabe bien que el Goce debe ser renunciado, y aun así hará lo imposible por lograrlo (posición engañada), colocándolo irremediablemente en la posición de un esclavo. El fantasma del perverso, encubridor del Yo que trata como objeto al otro de su acción revela, más allá de lo imaginario, que sucede lo contrario: “[…] es el perverso quien es el objeto y su víctima quien es el sujeto… Y el perverso, él mismo queriendo ser el dueño de la situación, imaginando serlo, es el objeto de su pasión” (Néstor Braunstein).
Los sujetos que práctican el estilo de vida Swinger no están posicionados ambos en la Estructura Perversa sino únicamente uno de ellos mientras el otro se ubica en la Estructura Neurótica, éste último no Goza sin límite y sin “Falta”.
La supuesta pareja sadomasoquista donde ambos tienen Estructura Perversa no existe, es un malentendido de algunos psicoanálistas, en tanto no se pueden complementar al posicionarse ambos frente al otro como objeto que divide subjetivamente al sujeto, cuestión que acontece también en la pareja Swinger. En ambas parejas existe el reconocimiento del otro como un simple instrumento de Goce, aunque en la práctica Swinger el instrumento de Goce es sutilmente disimulado.
En el estilo de vida Swinger se tiene el prejuicio que únicamente se trata de un intercambio de pareja pero pocas veces sucede así, ya que existen diversas conductas que se despliegan durante el encuentro: voyerismo, exhibicionismo, trío o sexo grupal… donde no participan activamente los cuatro integrantes de las dos parejas de manera exclusiva. Y aunque es cierto que existen reglas para la práctica Swinger y sadomasoquista o incluso en la prostitución, no por ser «actos consensuados», están exentos de la Estructura Perversa que lo caracteriza.
El perverso reconoce y respeta, en general, el orden simbólico, por lo que uno de los integrantes de la pareja con estilo de vida Swinger se posiciona, sin lugar a dudas en esta Estructura, pues no es la actuación lo que diferencia las Estructuras sino la posición de las fantasías conscientes o inconscientes que el sujeto mantiene durante la actuación. La diferencia radica en que mientras el perverso Goza en presente acentuando, forzando la división subjetiva del otro, superando los límites del pudor y el asco, el neurótico cuando incursiona en el campo de la perversión se caracteriza más por el remordimiento ulterior (muchas mujeres que llevaron a cabo la experiencia Swinger y posteriormente se retiraron, lo padecen) Aquí cabe una pregunta interesante, sí el Goce es pleno en el intercambio Swinger ¿Por qué razón algunos abandonan ese estilo de vida?
La posición del neurótico y del perverso no es idéntica. En el caso de éste último, el ritual debe estar perfectamente precisado por el contrato, nada de lo real debe filtrarse en el montaje. “El perverso promulga otra ley, una ley categórica y apática que es ordenada por el Goce como bien supremo […] procura el Goce sin pasar por el deseo, «aboliendo así la corriente de la ternura» (Néstor Braunstein). En los intercambios Swinger la «ternura» no forma parte del encuentro.
Cabe también señalar la posición que toma el sujeto que recurre frecuentemente a las prostitutas, donde por una retribución económica recibe a cambio el cuerpo de ella, aunque esto no significa que siempre culmina en una penetración vaginal, ya que su Goce puede derivar de alguna otra actividad con ella. Aquí la relación sexual perversa es «consensuada», lo que significa que en ningún momento es violenta.
Se tiene la creencia popular que los sujetos con Estructura Perversa son exclusivamente los violadores, pederastas, etcétera, además que utilizan la violencia e intimidación hacia el otro para alcanzar su Goce, aunque esto es cierto, también es cierto que los perversos pueden actuar en «relaciones sexuales consensuadas», por decirlo de alguna manera, por ejemplo en la práctica Swinger, sadomasoquista o la prostitución. Lo que importa para el psicoanálisis, para diferenciar las tres Estructuras psíquicas, no es tanto la acción que despliega el sujeto sino sus fantasías subyacentes que envuelven el acto.
El libertinaje que se les atribuye al tipo de parejas mencionadas es sólo una fantasía del sujeto neurótico cuyo fundamento es la ilusión que otros «realmente Gozan y sobre todo sin castración», lo cual no es sino la posición engañada tanto del neurótico como del perverso, éste último que desmiente, que reniega la castración, porque de hecho sabe que existe y está estorbado subjetivamente por ella.
En el sujeto con Estructura Perversa, el deseo y el Goce radican en que él es la causa por la que el otro se divide; necesita un partenaire que experimente la división subjetiva como efecto de la manipulación perversa. El perverso llegará a ser así (al menos en lo Imaginario) el físico nuclear de la libido.
El estilo de vida Swinger se presenta como una práctica ritualizada, al igual que la pareja sadomasoquista, donde efectivamente existe forzamiento de la división subjetiva de uno de los partenaires. Además están presentes, sin lugar a dudas, la instigación, inducción, persuasión, convencimiento…, por lo menos transitoriamente, con lo que se «autorizan» las formas y posibilidades de intercambio sexual.
Algo muy cierto dijo Néstor Braunstein, si todos consienten, la perversión se esfuma.


​Las repercusiones del dolor profundo y continuo en la infancia.

Probablemente las conductas extremadamente contradictorias e inconfiables de la madre refuercen el extremo psicopático del espectro del odio en el hijo durante la primera infancia, al permitir la interpretación de esas conductas como una traición perpetrada por el objeto potencialmente bueno (madre), que entonces se convierte siempre en impredecible y abrumadoramente malo.
La identificación con un objeto que traiciona abre los caminos para una destrucción vengativa de todas las relaciones objetales en la edad adulta. Seguramente ahí reside la fuente última del impulso paranoide por traicionar (Edith Jacobson).
La conducta de apego más severamente psicopatológica ha sido descrita en infantes cuya conducta de la madre combina el abandono, la violencia, el caos y una hiperestimulación irritante, junto con la frustración crónica (Selma Fraiberg).
Otto Kernberg he señalado que la inclusión de un componente agresivo de la excitación sexual (la implicación agresiva del penetrar y ser penetrado) es un medio para incorporar la agresión al servicio del amor, utilizando el potencial erógeno de la experiencia del dolor como aporte crucial a la fusión gratificante con el otro en la excitación sexual y el orgasmo. Esta capacidad normal para transformar el dolor en excitación erótica se malogra cuando la relación madre-infante se ha caracterizado por la agresión severa y prolongada, y probablemente constituye un puente crucial hacia la excitación erótica de inducir sufrimiento a otros, lo que consolida las características placenteras (Goce) del odio sádico. Si, al mismo tiempo, como lo han postulado Karl Müller- Braunschweig y Michel Fain, las actitudes alternantes de estimulación y repliegue eróticos de la madre respecto del infante constituyen la base de la identificación inconsciente de éste con una progenitora irritante, y en el proceso activan su propia excitación sexual como afecto básico, entonces la madre cuya conducta incluye la irritación exagerada del infante puede orientar particularmente el odio de éste hacia las perversiones sadomasoquistas. En términos más generales, provocar un dolor profundo y continuo en el infante suscita primero la ira, y después, en virtud de los mecanismos mencionados de identificación y transformación, el desarrollo de odio. Así, como lo ha propuesto Carl M. Grossman, el dolor a través de una serie de transformaciones intrapsíquicas, puede conducir a la intensificación de la agresión con su respectiva psicopatología.


​Intercambio de pareja, trío o sexo grupal: Swinger.

Primero Sigmund Freud y posteriormente Jacques-Marie Émile Lacan se encargaron de teorizar acerca de los conflictos sobre la relación sexual. Este último autor, profundizó sobre el tema y lo definió en una controversial frase: “No existe la relación sexual” ¿Qué significa esto? Pues de manera simple podemos decir que es inexistente la “completa armonía” entre los partenaires en el encuentro sexual, ya que siempre está de por medio “algo” por lo cual no se logra la “satisfacción total”, llevando a cada uno hacer una remembranza sobre el coito: “eso no me gustó”, “falto aquello”… poniendo inmediatamente en marcha la imaginación de lo que «desean» para el próximo encuentro sexual. Hay algo que siempre fracasa en el lazo con el otro, incluído el lazo amoroso y claro, el encuentro sexual. No hay complementariedad de los sexos; y esto lo ilustra claramente el estilo de vida Swinger, antes que estar por fuera de ese fracaso, parece —según los hallazgos hechos por el psicoanálisis— que intentan reordenar su sexualidad en busca precisamente de esa ausencia de armonía permanente, una forma como otras fallida de poner un velo a la no-relación-sexual.
La conducta sexual que despliegan los sujetos está determinada por múltiples factores que están enraizados en fantasías y deseos de la “infancia perversa poliforma”.
Lo que se ha observado en sujetos que practican los encuentros Swingers que acuden a tratamiento psicoanalítico es que existen diversas psicodinamicas entre las que destacan fantasías incestuosas, exposición a la “Escena Primaria”, dificultades en la separación-individuación (madre-infante), conflictos superyóicos, inhibiciones sexuales, deseos homosexuales, compulsión a repetir y reelaborar conflictos de la etapa edípica. También puede ser utilizada como una defensa ante una depresión subyacente: separación con el ser amado, divorcio, venganza contra el partenaire, etcétera; o por otro lado las parejas pueden recurrir a estos intercambios eróticos como un intento desesperado de solucionar una crisis y “salvar” su matrimonio.
Asimismo puede ser una forma de negar la competencia, rivalidad, celos, deseos sadomasoquistas y hostilidad a través de la acción. O bien un intento de reestablecer el sentido de la atracción, el deseo, el valor y la autoestima.
Ahora bien, la fantasía incestuosa es muy clara en el estilo de vida Swinger, pues es una atracción desbordada o incluso un enamoramiento hacia alguien “no disponible”, o sea comprometido sentimentalmente a otro, o casado, con la finalidad de concretar esa relación prohibida. Las fantasías incestuosas pueden estar encubriendo aspectos del Complejo de Edipo como el temor al daño orgánico, por ejemplo un hombre con temor a la castración (inconsciente) pone a prueba constantemente su virilidad accediendo a actividades promiscuas.
Cuando existen conflictos respecto a la bisexualidad, la mujer intenta compensar la falta de pene deseando castrar a la pareja, a través de mostrar una “feminidad” exacerbada en el encuentro sexual con otro en presencia de su partenaire.
En los sujetos que practican los encuentros Swinger existe un alto grado de hostilidad, agresión y competitividad, consciente o no, hacia el propio partenaire y hacia el cónyuge o compañero del mismo sexo con quien se intercambia el contacto sexual; esto se denota en quién brinda mayor placer, quién está más dispuesto a las fantasías sexuales, quién es más atractivo, quién es más seductor, quién coquetea más, quién tiene el pene más grande, etcétera.
Existen casos donde los sujetos que practican estos intercambios de pareja, en su historial infantil refieren una alta rivalidad y competitividad hacia los hermanos, la cual se traslada a esta forma de relacionarse en pareja en la edad adulta.
Una de las características más sobresalientes de los Swinger es la fuerte atracción homosexual —regularmente inconsciente— durante el intercambio de pareja, incluso existen algunos sujetos que “seleccionan meticulosamente” a la pareja con la que va involucrarse sexualmente su partenaire: color de piel, estatura, complexión, incluso la longitud del pene, etcétera, esto habla de fenómenos más regresivos. No ha de extrañarse que después de cierto tiempo el sujeto pase de su preferencia heterosexual a homosexual, o se convierta en un empecinado voyerista. En ciertos casos ello ha sido interpretado como un deseo de cercanía con el padre del mismo sexo, que fue percibido en la infancia frío y distante.
La práctica Swinger también puede ser un intento para remarcar el desafío y separación de los valores y reglas impuestas por los padres o educadores, los cuales fueron aceptados sin recato alguno.
Cuando existen problemas relacionados con la simbiosis y la dificultad de separación-individuación madre-infante, la actividad del sujeto adulto Swinger da la sensación de autoproclamar independencia y autonomía, de “romper” temporalmente con la atadura simbólica.
Cuando existe una gran ansiedad relacionada a los encuentros sexuales, el sujeto puede defenderse de ella a través de la práctica del intercambio de pareja, tríos o sexo grupal. El sujeto se coloca en una posición casi observadora, de esta manera se encuentra protegido del daño y la retaliación, esta fantasía es característica de la exposición crónica a la Escena Primaria.
Se ha observado que los Swingers que acuden a tratamiento psicoanalítico usualmente presentan una intensa lucha con un Superyó punitivo y también contra una crianza en su infancia percibida como sexualmente represora.
Cuando el sujeto proyecta el Superyó en su pareja, en un inicio intenta complacer y seducir como lo hacía con los padres en su infancia, sin embargo, con el tiempo empieza a resentir esta posición de devaluación y control e intenta revelarse ante ello a través de la infidelidad o de proponer a su pareja un estilo de vida Swinger, regularmente quien lo sugiere o insinúa es principalmente el hombre. El sujeto con prácticas Swinger puede estar utilizando el sexo como un herramienta para crear dependencia o para satisfacer necesidades de poder y venganza hacia su partenaire.
Cabe señalar que algunas mujeres dejan de presentar anorgasmia al ser infieles o entrar en relaciones de intercambio de pareja o tríos sexuales, se observa a través del psicoanálisis que surge una nueva relación entre el orgasmo y perder el control frente a su pareja; es decir tener relaciones sexuales con otros hombres les brinda una sensación de empoderamiento dando como resultado intensos orgasmos.
Cuando el sujeto busca en su pareja a un padre o madre omnipotente suele enfrentarse a que la sexualidad conyugal se asocie con el incesto, lo cual es terriblemente amenazante, lo vive como un acto prohibido y repugnante que puede conducir a disfunción eréctil, eyaculación precoz o retardada. Es precisamente en estas circunstancias cuando el sujeto busca relaciones objetales más seguras y gratificantes fuera del matrimonio. En estos casos dicho sujeto vive la sexualidad conyugal como algo insoportable, donde se siente controlado o debilitado (en psicoanálisis se denomina angustia de castración) de la misma forma que un niño se sentiría si tuviera sexo con alguno de sus progenitores o con un adulto.
Según Otto Kernberg los sujetos con personalidad narcisista se caracterizan por la imposibilidad de mantener vínculos que combinen genitalidad y ternura, ya que no hay intimidad ni integración objetal y en casos más benignos de personalidad narcisista es caracterizada por la promiscuidad sexual. Sigmund Freud señaló que por haber silenciado durante mucho tiempo el deseo de goce sexual, las mujeres habían renunciado a él. De manera que en su época, ello encontró finalmente su manifestación a nivel de síntomas en el cuerpo (histeria), y que hoy parece implicar al otro sexo, en donde estas mujeres al dirigirse a su pareja provocan en ellos la pregunta acerca de ¿Cómo goza una mujer? Aquí podríamos señalar que siendo el hombre quien generalmente propone la práctica Swinger a su pareja, sería con la finalidad de conocer de manera tangible ¿Cuánto goza su mujer en brazos de otro hombre? Recordemos que en la mitología griega (nombre) le preguntó a Tiresias ¿Quién goza más durante la relación sexual, el hombre o la mujer? A lo que respondió que la mujer goza (7 veces más). Pregunta aun vigente y enigmática para los hombres que practican este estilo de vida.
Hombres y mujeres emprenden la búsqueda por velar lo que no funciona en su vínculo, aunque ya no se trata de una búsqueda marcada por la represión del deseo característica de los siglos pasados sino ligada a los imperativos propios de la exaltación: “Es tu deber gozar, es tu cuerpo y por lo tanto debes gozar al máximo”. “La vida es corta y es mejor arrepentirse por algo que hiciste que por algo que dejaste de hacer”.
El papel que juegan los celos en el estilo de vida Swinger podría asumirse en la posición que toma el hombre y la mujer en la comunicación directa y sincera de las fantasías íntimas de índole sexual que cada uno guarda, que tendrían la función de apaciguar dichos celos, sin embargo esto otorgaría tranquilidad únicamente por un breve período de tiempo.
Desde el punto de vista psicoanalítico los celos infantiles hacia la madre se extienden a la edad adulta y tendrían la función de mantener la monogamia, mientras que el conflicto edípico hace difícil que ello se establezca por mucho tiempo.
Por último podíamos decir que el estilo de vida Swinger es una búsqueda centrada en el deseo de reconocimiento de la masculinidad de la función sexual* cuando se trata de hombres, incluso aunque esto signifique renunciar a la exclusividad en el goce, en la espera de que esta concesión asegure el mantenimiento del lugar que él ocupa en tanto ser amado y deseado. De manera que podríamos pensar que la ansiedad y angustia respecto a la sexualidad y la intimidad es más fuerte que los celos. O también, que estos se manifiestan a través de la fuerte competitividad que existe entre la pareja.

*Robert Jesse Stoller señaló que el ser humano (independientemente de su sexo biológico) desde su nacimiento tiene una “protofeminidad” y será la cultura quien estructure la masculinidad tratándose de hombres; mientras que las mujeres no presentan ese conflicto en su feminidad por haberse desarrollado a partir de esta. Tal vez esta sea la principal razón por la cual los hombres dudan más de su masculinidad que las mujeres de su feminidad.


jueves, 26 de octubre de 2017

El estilo de vida Swinger como sinónimo de satisfacción total.

“No hay relación sexual” es la expresión que utiliza Jacques-Marie Émile Lacan para denominar la imposibilidad de la plenitud sexual entre hombre y mujer, algo que Sigmund Freud anticipaba acerca de la falta de complementariedad entre los sexos, pues, por la metaforización propia del lenguaje, no existe un objeto único que garantice el placer total. De ahí que el deseo sea permanente, esto es, por definición imposible de satisfacer.
Lo que se presenta en la website o cualquier tipo de publicidad (libros, revistas, etcétera) en relación a los encuentros «Swinger» aparece como una garantía de lograr una satisfacción plena basada justamente en la multiplicidad de objetos, pero esta multiplicidad, en vez de garantizar esa complacencia a la que aspira, pone de manifiesto la imposibilidad del placer absoluto ya que la sexualidad humana, en tanto atravesada por lo “Simbólico”, no responde a fines ni a objetos “naturales”. El objeto siempre se desplaza y constituye tanto deseo como “Goce”. Adicionalmente habría que considerar que “la causa capitalista no construye ninguna pareja, no une a los sujetos entre ellos, sino a cada uno de los objetos y deja entonces, a cada uno reducido a su propio cuerpo, proletario en el sentido antiguo”.


Masoquismo: mutilación o automutilación.

El masoquismo sexual con rasgos “autodestructivos” cuya conducta parece privada de las cualidades de seguridad, presenta una característica de peligro inminente que puede llevar a la mutilación, la automutilación e incluso a la muerte accidental.
Estas conductas se encuentran en sujetos con Estado Fronterizo de la personalidad, algunos ejemplos lo ilustran estos psicoanalizados:
— Un sujeto con personalidad narcisista y rasgos abiertamente característicos del Estado Fronterizo solicitaba que lo ataran a hombres que conocía fortuitamente en bares frecuentados por sadomasoquistas. Provocaba a esos hombres a peleas reñidas en las cuales él terminaba seriamente golpeado. En varias ocasiones había sido amenazado a punta de pistola y robado mientras participaba en esos encuentros sexuales azarosos.
— Una mujer blanca de clase media de poco más de veinte años, sólo podía experimentar excitación sexual al prostituirse con hombres mucho mayores o negros, en vecindarios con alto índice de criminalidad. Tenía conciencia del peligro potencial de su integridad física pero esto representaba para ella un intenso mecanismo de excitación sexual en tales encuentros. También padecía de una personalidad narcisista con rasgos infantiles y masoquistas.
En estos casos, la perversión sexual surge del marco “como si”, o de representación o actuación teatrales, y refleja una psicopatología de las relaciones objetales. A veces no hay ninguna conducta real de automutilación, ni tampoco una actividad sexual de carácter raro, en la cual aparecen abiertamente contenidos anales, uretrales u orales que colorean la pauta masoquista, impregnándola de una claridad primitiva, pregenital.
— Un sujeto relata el modo preferido de intercambio sexual con su esposa. Para lograr el orgasmo por medio de la masturbación, él la hacía sentar en un inodoro especialmente construido que le permitía defecarle en la cara mientras él la observaba. Este sujeto presentaba rasgos de personalidad severamente paranoides, además de un marcado masoquismo de la personalidad.
— Un modo de gratificación masturbatoria que prefería otro sujeto era colocarse a un lado de un arroyo lleno de lodo donde se hundía hasta la rodilla mientras se masturbaba, lo que hacía por la noche, para que no lo vieran los vecinos. Este paciente también presentaba una organización límite de la personalidad, con rasgos paranoides, esquizoides e hipocondríacos, y aislamiento social.
Estos casos tienen en común impulsos agresivos fuertes, primitivos; una psicopatología severa de las relaciones objetales; un predominio de los conflictos y metas edípicos en el guión sexual masoquista; y falta de integración de las funciones superyoicas.
Cabe señalar que también revelan confusión de la identidad de género a modo que las interacciones homosexuales y heterosexuales forman parte de su vida sexual, con el guión masoquista que representaba su rasgo organizador primario.


La experiencia Swinger como factor para brindar mayor Goce al partenaire.

“El hombre no es nunca feliz, pero se pasa la vida corriendo en pos de algo que cree que le hace feliz. Rara vez alcanza su objetivo, y cuando lo logra solamente consigue verse desilusionado”. Arthur Schopenhauer.

Desde la época del Romanticismo el amor tuvo el salvoconducto de hacerse más importante para las personas pero en las décadas pertenecientes al Postmodernismo se ha hecho más difícil para el sujeto ponerlo en práctica.
El amor se está desligando de los modelos y seguridades tradicionales y se sobrepone la decisión de cada partenaire de estar en la posibilidad explícita de ejercer en el momento que lo decida toda su «autonomía», sin importar nada ni nadie más para llevarlo a cabo.
El carácter autónomo de la actividad sexual en la pareja y el exacerbado individualismo (narcisismo refinado) hacen frágiles los vínculos y abren paso rápidamente a la infidelidad afectiva y sexual, ya sea de manera tangible o virtual (uso de redes sociales en Internet). Todo esto ha impulsado a someter a prueba la fidelidad entre los consortes, en algunos casos vía experimentación —por paradójico que parezca— en el intercambio de pareja, trío o sexo grupal.
Esta afirmación se sustenta en la experiencia de aquellos sujetos —que ostentan el apelativo de “mente abierta”— que con el deseo de ofrecer una experiencia, o cumplir una fantasía erótica y sexual intensa a su partenaire propician un encuentro sexual con un tercero o un intercambio de pareja.
Lamentablemente el resultado es casi siempre diferente al esperado, la experiencia puede ser decepcionante al observar el sujeto que su pareja ni siquiera alcanza el placer previamente fantaseado, o quedar sorprendido al advertir que su partenaire gusta de mayor placer en los brazos del otro, lo que puede conducir a sentir una grave herida narcisista.
Las repercusiones que surgen después de experimentar el estilo de vida Swinger son generalmente de inestabilidad psíquica que orilla a una inseguridad emocional y que casi siempre termina en una separación afectiva definitiva.
El vínculo es en estos casos puesto a prueba: “se apostó por el erotismo y lamentablemente se perdió el amor”. El lazo amoroso terminó roto, el compromiso disuelto, o la crisis afectiva (celos, reproches, etcétera) es ahora el pan de cada día.


La propuesta para practicar el estilo de vida Swinger.

Existe la posibilidad que el sujeto que practica el estilo de vida Swinger tenga una historia infantil relacionada con el abuso sexual, ya que en teoría este factor aumenta las probabilidades de producir en la vida adulta una «compulsión» a actividades sexuales diversas.
Ahora bien, una educación rígidamente religiosa y marcadamente moralista aporta elementos para sostener la hipótesis psicodinámica sobre la presencia de un Superyó rígido que desembocaría en comportamientos promiscuos en la adultez. Además cabe mencionar que los estudios que se han llevado sobre sujetos que han sufrido abuso sexual en su niñez tienden a tener una “visión de la naturaleza humana como malvada y perversa”.
Se puede concluir a nivel psicodinámico que la actividad Swinger es principalmente una manera de externalizar los siguientes conflictos: La pareja es vista como un objeto incestouso, se proyecta en el partenaire un Superyó punitivo, conflictos con la bisexualidad inconsciente y dificultad en la separación-individuación (madre-infante).
Sobre el tema de los celos en los sujetos con estilo de vida Swinger, estos se encuentran presentes en mayor o menor medida, pero en aquellos que afirman su inexistencia es porque existe una ganancia secundaria mayor que es la disminución de la «angustia castración» en la interacción sexual con su pareja.
Una de las características principales que detenta el Swinger es que no se trata de una búsqueda marcada por la represión del deseo —como en épocas anteriores— sino que esta elección está ligada a los imperativos actuales de “debes gozar y gozar al máximo”.
El estilo de vida Swinger es principalmente una búsqueda por «velar» o «disimular» aquellos aspectos que no ya funciona realmente entre la pareja.
El hombre que propone a su partenaire un intercambio Swinger puede provenir de la angustia de castración que le causa la incertidumbre de cómo debe realmente comportarse eróticamente con su mujer; en cada coito se interroga sobre su capacidad para satisfacerla sexualmente; cada encuentro íntimo lo coloca en una inseguridad que lo agobia.
Las primeras experiencias Swinger, conllevan para el marido la envidia de entregar el cuerpo de su pareja a otro hombre, y el temor a que ese hombre la colme mucho más, sexualmente hablando, pero al mismo tiempo le permite conocer al menos dos cuestiones fundamentales, por un lado la falta de su capacidad (real o imaginaria) para satisfacer sexualmente a su mujer no es algo que le atañe de manera exclusiva, puesto que, en el momento del intercambio, se dilucida la duda si el otro hombre puede satisfacerla plenamente o no, y por otro lado, el hecho de que la realización de una fantasía que en principio resultaba moralmente inaceptable en la medida que implicaba entregar a la mujer amada a otro, lleva implícito la exaltación posterior del deseo sexual con su pareja (simbólicamente representa la reminiscencia de la “Escena Primaria” o la relación sexual entre sus padres), lo que poco a poco deriva en un incremento en la satisfacción sexual entre los consortes. Aquí cabe señalar que dicho aumento colapsara en algún momento dado, ya que la continuación de los intercambios de pareja, tríos o sexo grupal tienden a desestabilizar la estructura del Complejo de Edipo, mecanismo necesario para la excitación sexual en el hombre y la mujer.
Volviendo a la pareja que nos interesa, el hombre puede sentir una disminución de su «angustia de castración» al momento de la consecución del orgasmo por parte de su mujer en brazos de otro hombre.
La experiencia Swinger tiene para el hombre, al parecer un efecto de comprensión sobre su capacidad para satisfacer sexualmente a su partenaire, resulta llamativo como la acción de entregar a su mujer a otro hombre, es más importante para el marido que para su mujer. Con esto podemos considerar que se trata de una acción para mitigar la «angustia castración»; búsqueda orientada por esos característicos imperativos del Goce en la sociedad moderna que han llevado de la represión del deseo a la pornografía del Goce; mientras del lado femenino lo que parece estar en juego es ceder a la demanda del hombre, por lo que el incremento en la satisfacción sexual femenina aparece como efecto secundario para ella. En otras palabras, se trata de la búsqueda centrada en el deseo de reconocimiento masculino de la función sexual, incluso aunque esto signifique renunciar a la exclusividad en el placer, o sea de la monogamia, en la espera de que esta concesión asegure el mantenimiento del lugar que, para ella, él ocupa en tanto ser amado. Así, la introducción de un punto de realización de la fantasía de intercambio de pareja, parece haber abierto la posibilidad de modificar la posición en el encuentro sexual para los partenaires.
Como un dato extra, es de anotar que la mirada del esposo sobre su consorte durante el coito con otro hombre, puede representar inconscientemente para ella la «mirada paterna», y desde esta posición tenga la «aprobación» para gozar con otro y con esto obedecer la Ley de la Prohibición del Incesto al gozar en brazos de otro.


La perversión en la actividad sexual compulsiva.

Las fantasías conscientes e inconscientes forman parte de la relación sexual, tanto en el preámbulo como durante el coito pero en los sujetos con Estructura Perversa el objeto se encuentra deshumanizado a través de éstas fantasías, esto se puede observar claramente en el fetichismo, necrofilia, zoofilia, etcétera. Pero si tomamos en cuenta otro tipo prácticas como las que lleva a cabo “Don Juan”, “Casanova”, prostitutas y el acto sexual compulsivo en general, puede parecer para el observador ingenuo un comportamiento “normal” por tratarse de relaciones heterosexuales, sin embargo durante el psicoanálisis se denota del mismo modo que el objeto está deshumanizado, ya que únicamente se enfocan en una parte de la anatomía (complexión, nalgas, senos, rostro, etcétera); o fragmentos de personalidad estereotipados; o bien en última instancia se refieren a que “todos son iguales”: bestiales, putas, mujeriegos, desconsiderados, etcétera. Esto ya lo había señalado E. Straus cuando dijo que los placeres de la perversión nacen de la destrucción, humillación, profanación, o sea, de la deformación que hace el perverso del otro.
Pero estas suposiciones no indican el origen del Goce del perverso. Si la perversión es el resultado del odio y violencia hacia el objeto ¿Dónde se ubica su origen?
Si nos remontamos al trauma o traumas que padeció el sujeto perverso en su infancia, no existe Goce en su trauma para repetirlo una y otra vez en su vida adulta sino frustración y odio hacia el agresor.
El Goce del perverso no proviene de sus actos sino de la fantasía que envuelve sus acciones. La fantasía consciente o inconsciente del perverso se constituye para intentar cancelar el trauma padecido transformándose en una ensoñación diurna, es decir, el contenido se estructura en una fantasía organizada. Por lo tanto el «acting out» del perverso puede cancelar momentáneamente el miedo y angustia enlazado al trauma, pero debe ser repetido este «acting out» dependiendo de aumento de la angustia y miedo que padezca el sujeto.
En la confrontación con el mundo, el ensueño funciona para liberar tanto el miedo como la angustia que conlleva el trauma, el ensueño contiene elementos que simulan un riesgo, que causa emoción liberando de esta forma la tensión psíquica creyendo éste que garantizan un resultado favorable, lo que significa que, en esta ocasión, el perverso no únicamente intenta superar trauma sino también la frustración sobre los atacantes iniciales que lo traumatizaron.
Finalmente, cuando se asocia a la excitación genital el orgasmo, el perverso refuerza la fantasía consciente de que no existe ningún “mal” ahí donde comete el acto y se anima a repetir la experiencia en circunstancias similares.


viernes, 4 de agosto de 2017

El origen de la perversión se desarrolla en la familia.

Cuando el sujeto llega a la edad adulta existen cinco fuerzas principales, que en diferentes grados y combinaciones han otorgado un contexto a su sexualidad, la base biológica, el papel de género asignado por la cultura, la dinámica familiar, la impronta de objetos sexuales, y la erotización y fortalecimiento de esos objetos a través de la repetición.En algunos sujetos todas estas fuerzas trabajan conjuntamente, y lo dirigen a una sexualidad sin conflictos graves, comprometido con su partenaire. En otros, los problemas y las tensiones parecen irresolúbles pero no recurren a las perversiones contra terceros, su vida es como un zapato ajustado, quitándolo sólo por la noche, en privado, o cuando la presión se vuelve insostenible. Aquí, el desencadenante de la actividad perversa es la experimentación extrovertida o una tendencia criminal (cuya génesis es bastante diferente) pero, más regularmente, el factor decisivo es la acumulación gradual de estrés.
Para algunos, esto toma la forma de la creciente presión por la vacilación de su identidad de género. Para algunos otros es mucho más específico: compromiso, matrimonio, separación, divorcio, despido, ascenso a altos cargos, gran recompensa económica, quiebra inminente, etcétera.
Para aquellos que eligen expresar su sexualidad a través de las perversiones, los horizontes se abren rápida y fácilmente. Las máscaras de gas, ropajes en cuero, látigos, sogas y diversos artículos que se anuncian regularmente en revistas y tiendas especializadas. Y, a través de los clubes y publicaciones, estos sujetos pueden intercambiar intereses y técnicas, aprender a refinar y practicar sus deseos, colocar anuncios y comprar y vender objetos especializados que van desde collares y cadenas hasta muebles eróticos totalmente funcionales.
Y para quienes tienen intereses clandestinos, hay incluso publicaciones pornográficas especializadas, que van desde ¿Dónde están los puberes para los pedófilos hasta los amputados? Para ellos el deseo únicamente puede surgir en la compañía de menores de edad o personas con algún tipo de discapacidad física.
Pero la peor perversión, que posiblemente mantiene al menos las tres cuartas partes partes de la población adulta, refiriéndose a los que son padres de familia, es tocante a la deformada educación sexual que le brindan a sus hijos, que en vez de enseñarles que la sexualidad es una expresión natural de ser humano que no debe tener complicaciones por ser un destino biológico simple, nos preguntamos ¿Por qué aspectos de ella deben parecer tan tortuosos y sentirse tan cargados de culpa e incertidumbre? Corriendo asustados de Sodoma, Gomorra, Adma y Zeboim ciudades de la perversión, nosotros, como la esposa de Lot, no podemos evitar mirar hacia atrás, transfigurados, a imágenes que reflejan, en forma petrificada, aspectos de nuestro propio ser.



La fantasía inconsciente detrás de la perversión.

La perversión que presenta el sujeto implica la distorsión y el mal uso de su realidad psíquica en el mundo externo, con lo que la verdad queda sepultada. La estructura perversa se denota como algo caricaturesco de las relaciones de objeto.
En el núcleo de la perversión existe una o varias fantasías inconscientes que pueden dirigirse de manera independiente, yuxtaponerse, cruzarse, etcétera. Verbigracia el aborto como fantasía en lugar de criar al recién nacido, que podría representar una forma de ataque o mutilación al interior del cuerpo de la madre.
En este marco de referencia, la perversidad no tiene relación con aspectos descriptivos de las elecciones sexuales, ya que puede estar igualmente presente o ausente en relaciones heterosexuales como homosexuales. Este enfoque está centrado con la posibilidad de comprender de manera más amplia la naturaleza de la perversidad como un aspecto de carácter, independientemente del comportamiento sexual o la elección; concentrándose en el ámbito de la realidad psíquica y los significados representados por diferentes estados de la mente. Por lo tanto, incluso cuando observamos a un comportamiento que aparece en la superficie de ser intrínsecamente perverso, todavía se debe enfrentar a un minucioso análisis clínico para llegar a comprender el significado interno, las relaciones de objeto en el inconsciente antes de diagnosticarlo como algo psicopatológico. Por lo que podría resultar más fácil imaginar relaciones homosexuales que cumplan el criterio de que la fantasía inconsciente es amorosa que las relaciones en las que predominan algunas prácticas fetichistas.


domingo, 25 de junio de 2017

La maternidad perversa.

En el campo de la salud mental, es difícil encontrar investigaciones que versen sobre la «maternidad perversa», muchos “profesionales” en esta área la desconocen o incluso hasta la niegan.
“El concepto de perversión del instinto maternal encaja en todos los hechos que he observado sobre la etiología de la esquizofrenia. Encaja en el comportamiento de las madres de esquizofrénicos, en el material obtenido de los pacientes psicóticos, y en el hecho biológico de que cualquier instinto, al expresarse, puede quedar sujeto a la perversión. Considerando la gama de instintos, no se me ocurre ninguno que no esté sujeto a esta norma. No se me ocurre ninguno que no pueda ajustarse a la relación errónea objetivo-objeto que denominamos perversión [...]. El envenenamiento proviene de la madre perversa que no está dotada de esa armonización divina que hace que comprenda el porque del llanto de su hijo y que le permite devolverlo a un mundo de felicidad omnipotente [...]. El niño debe crecer. Si uno de los progenitores sufre de un instinto maternal perverso, el niño se ve obligado a crecer desde el principio sobre una base psicosexual debilitada”. John Nathaniel Rosen.

jueves, 22 de junio de 2017

La pornografía satisface las necesidades voyeuristas y sadomasoquistas.

“¿Para qué sirve nuestro cuerpo sino para hacernos comprender lo que la palabra torturador significa?” Émile Michel Cioran.

Para la mayoría de los sujetos la pornografía es la representación de mujeres desnudas y acoplamientos sexuales heterosexuales. El hecho de que estas “escenas pornográficas” no contengan nada desconocido, paralelamente simbolizan algún tipo de solución para la ansiedad, frustración, ira etcétera de los conflictos que aparecen en la sexualidad.
Si fueran “normales” estas “escenas” en el sentido de que son la expresión biológica universal de una búsqueda no-confrontacional con el placer, la desnudez tendría entonces el valor de fetiche sexual (que no es el caso) y no sólo en sociedades como la nuestra donde su lado provocativo proviene precisamente de la frustración de la sexualidad.
En la pornografía, ya sea a través del texto, imagen o película todo mundo sabe los papeles correspondientes de los protagonistas y lo que se va a llevar a cabo. Sin duda, la pornografía no es sólo un sustituto del objeto
apropiado para la relación sexual (aunque esto puede ser en parte cierto, especialmente durante la adolescencia). Pero si existe la pornografía es porque satisface las necesidades voyeuristas y sadomasoquistas que algunos sujetos no pueden satisfacer con su partenaire, incluso si es abierta y complaciente. Si el orgasmo genital es a final de cuentas el objetivo común, ya que proporciona el placer y el alivio de la “tensión perversa” necesariamente relacionada al coito, también resulta cierto que en algunos sujetos la perversión a menudo es llevada a cabo con objetos o únicamente con partes del cuerpo, donde el sólo orgasmo no puede aliviar completamente la tensión. Órganos como los ojos, piel, ano... y afectos como la angustia, depresión, enojo, etcétera —el psicoanálisis lo observa— se pueden erotizar, pero la tensión no se libera tan fácilmente como lo lleva a cabo los órganos genitales; esto es lo que brinda intensidad a la perversión, en su aspecto compulsivo y desesperado.

domingo, 18 de junio de 2017

¿Qué es la pornografía?

La pornografía* surge como resultado de un mecanismo entramado de ensoñaciones diurnas donde ciertas actividades, generalmente pero no necesariamente sexuales, están representados en un texto, una imagen o un sonido destinado a la excitación genital. Esta representación adquiere la denominación de “pornografía” hasta el momento que se vincula con las fantasías conscientes o inconscientes del lector o el espectador porque realmente no hay nada pornográfico sin la fantasía que le otorga esa connotación. Lo que para alguien puede resultar pornográfico, por ejemplo coito grupal, para otro no lo representa.
Cada género pornográfico está basado en una necesidad perversa específica que respeta los detalles con la finalidad de activar la excitación en el sujeto; por ejemplo tratándose de una personalidad sádica la pornografía está dirigida a representaciones de actos crueles, humillantes, etcétera; de un fetichista representaciones de lencería, calzado, etcétera.
Como todas las perversiones, la pornografía es cuestión de gustos. El sujeto se identifica —conscientemente o no— con el personaje que observa, lee o escucha, ya sea desde una posición dominante o víctima; heterosexual u homosexual, según cada caso.
Como en todas las perversiones, el elemento central es un imaginario acto de venganza que resume toda la historia sexual del sujeto: fantasmas, recuerdos, fantasías, traumas...
En las fantasías (conscientes o inconscientes) articuladas con la pornografía existe una víctima, de hecho si no existe la víctima no es posible la pornografía.
El uso del material pornográfico es un acto perverso que tiene varios componentes, el más obvio, el voyeurismo. También existe el sadismo, algo regularmente muy disimulado (a menos que el sujeto sea un sádico patente); y por último, el masoquismo, un elemento que difícilmente acepta el sujeto porque se esconde detrás de una identificación inconsciente con la víctima.
Los actos perversos (no como Estructura) se presentan en los sujetos neuróticos o psicóticos, siendo necesarios para preservar y potenciar su excitación sexual, por cual la pornografía tendría como finalidad pretender corregir el desarrollo psicosexual por alguna inhibición y su uso simboliza una especie de ritual para contrarrestar dicha inhibición. Cualquier trayectoria bien definida y repetitiva de la sexualidad reduce la excitación a corto o largo plazo.

*Pornografía: Presentación abierta y cruda del sexo que busca producir excitación.