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"Si llega inadvertidamente a oídos de quienes no están capacitados ni destinados a recibirla, toda nuestra sabiduría ha de sonar a necedad y en ocasiones, a crimen, y así debe ser". Friedrich Wilhelm Nietzsche.

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viernes, 4 de agosto de 2017

El efecto de la mirada y la voz paterna.

"La vida del hombre se reduce a los ojos. No podemos esperar nada de él sin modificar la mirada". Émile Michel Cioran.

​Por medio del psicoanálisis se observa que en el destino de los hijos varones pesa más la voz del mandato paterno y en las hijas mujeres mucho más la mirada del padre. Hay un momento clave en la vida pulsional que es el pasaje a la adolescencia donde efectivamente «cae» la mirada del padre sobre la hija. En las vicisitudes de las neurosis, al padre le cuesta mirar a su hija adolescente en vías de transformarse en una mujer, desvía la mirada, hay un desvío de la mirada. La hija queda «caída» en una cuestión muy compleja, que hace al destino de la relación entre su narcisismo y su sexualidad. Por un lado busca la mirada del padre, y por otro lado la teme —estamos hablando de las vicisitudes de la neurosis.
Si la mirada del padre no funciona, ya sea porque se enceguece en exceso, o porque se vuelve en exceso esquiva, esto pesa de una manera determinada —desde la anorexia hasta la histeria— pasando por las actuaciones compulsivas u obsesivas de las jovencitas que se ocultan o sólo viven para «ser miradas». ¿Será acaso qué la histérica busca inconscientemente en los hombres aquella mirada que su padre le negó o esquivó hacia ella durante su adolescencia?


domingo, 25 de junio de 2017

El embarazo como venganza en la adolescencia.

Podemos observar que algunas madres se enorgullecen y hacen alarde de sus hijos varones adolescentes y obtienen una satisfacción narcisista cuando por equivocación los demás atribuyen una relación de pareja entre ellos; pero las mismas progenitoras, cuando van en compañía de sus hijas adolescentes y atractivas, se sienten disminuidas en su narcisismo e ignoradas por los hombres que halagan a sus hijas.
La belleza radiante de los cuerpos de las jóvenes se hace aun más evidente a medida que sus madres envejecen. Surge entonces una tremenda competitividad consciente o no, especialmente si las madres se aproximan a la menopausia.
En el caso del hijo varón adolescente, al compararse con su padre, puede llegar a sentirse insuficiente y disminuido, pero en última instancia acepta que sea el padre quien vaya al frente. El padre rara vez compite con sus hijo varón de una forma tan abierta como lo hace la madre con su hija adolescente.
Al adolescente (hombre) le resulta más fácil que a la adolescente (mujer) transferir a otra fémina la afición que siente por su madre, ya que durante su infancia del varón su madre fue el primer objeto amoroso. Mientras que la niña debió transferir su apego de la madre al padre.
Si durante el Complejo de Edipo el padre rechazo a su hija o fue apático con ella, posiblemente esta niña intente vengarse inconscientemente de ese desamor sufrido por el rechazo paterno, embarazándose en los primeros años de su adolescencia.

jueves, 8 de junio de 2017

La toxicomanía en la era de la globalización.

Rosa Askenchuk señala: “El adicto ya no es un contestatario social sino el símbolo de la hiperadaptación, casi de la normalidad”.
El sujeto vive en un entorno social donde la felicidad pareciera estar al alcance de la mano. El mercado de consumo a través de una publicidad invasiva le ha implantado al sujeto la creencia que la “felicidad es sinónimo de comprar” cualquier clase de artículos o servicios: entre más caro mayor dicha. En este contexto, donde lo que vale son los artículos o servicios, el toxicómano funciona, hiperadaptándose a los lineamientos que el sistema capitalista subliminalmente lo induce.
La propuesta de las grandes empresas a los sujetos contiene dos aspectos, uno lo expresan abiertamente: adquirir los artículos o servicios que ofrecen y alcanzar con eso, ese bienestar tan anhelado. Pero por otro lado, de manera oculta, los artículos o servicios que brindan son efímeros, con lo cual frustran al consumidor pero al mismo tiempo lo alientan para que su deseo crezca infinitamente: el dispositivo móvil comprado hoy —novedad— en seis meses ya es una reliquia, dentro de doce meses empieza a fallar, o incluso ya no funciona. Es así como el sistema capitalista induce al Goce, y el toxicómano lo hace puntualmente, aunque tenga que pagarlo con su propia vida.
Desde esta perspectiva la toxicomanía —o mejor dicho, el fenómeno de la toxicomanía— deja de ser el aquel padecimiento por efecto del consumo de una droga ilegal, ahora el consumo desmedido se extiende a infinidad de sustancias o servicios producidas por la ciencia y la tecnología, destinados directamente a disminuir la angustia que genera el dolor de vivir en esta era de la globalización .

lunes, 5 de junio de 2017

Los celos del padre y la madre dirigidos a su hija adolescente.

El peligro para la niña o la adolescente sólo puede provenir del padre o del amante de la madre, el único sujeto totalmente valorizado por su persona, y que se percibe sólo en caso de concupiscencia sexual por parte de éste.
El papel del padre es patógeno cuando su Superyó severo interfiere en la relación vincular con su hija. El padre tiene asignado el rol de formador del cambio, y lo sigue siendo hasta concluida la adolescencia: anticipando su porvenir, apoyándola en sus proyectos de establecimiento social, en sus ensayos de alejamiento del hogar familiar, desarrollando la madurez cívica, que la acompaña con su estima en la orientación cultural o profesional, que la libera de su dependencia y en la que él manifiesta su confianza, sin curiosidad ni intromisión —a propósito— de sus relaciones afectivas. Lamentablemente existen padres que se disfrazan de sobreprotectores y con ello dejan profundas secuelas en el desarrollo de su hija.
Ahora bien ¿Qué ocurre con la sexualidad genital de la hija durante la pubertad y adolescencia y el primer acto sexual, del que la joven espera su desfloración?
Muy a menudo, está la masturbación de la pubertad y los fantasmas conscientes o no, de violación y de rapto, cuyo autor imaginado pertenece regularmente a su entorno familiar o social.
Se brinda la joven una oportunidad de conformar un vínculo afectivo, si se atreve a renunciar a sus ensueños, a servirse de sus armas femeninas para triunfar sobre sus rivales y hacerse notar, para agradar y seducir al muchacho que le atrae. En este sentido, véanse los estragos narcisistas que le provocan a la joven las escenas paternales con ocasión de los primeros intentos de tener novio, cuando comienza a maquillarse, a vestirse de manera seductora, a asistir a fiestas, las llamadas telefónicas que le hacen salir de casa de manera imprevista, etcétera. Las escenas maternales son generalmente, por el contrario, menos traumatizantes, aunque ciertos señalamientos en cuanto a su adorno corporal y las actitudes de seducciones que presenta la joven hacia los hombres, pueden ser reprendidas por la madre que se «justifica supuestamente» en la moralidad pero que en realidad son el resultado de su homosexualidad dirigida hacia a la hija, combinada con una proyección de sus deseos adúlteros. Al manifestarse así, tales madres provocan una fractura crucial en la evolución libre de la sexualidad de su hija, que puede ser igual o mayor que la producida por padres celosos.

martes, 25 de abril de 2017

La promiscuidad y el embarazo durante la adolescencia.

La forma en que el padre responde a las dificultades que la sexualidad plantea a su hija adolescente es de crucial importancia. Si se muestra despreocupado y poco atento, la joven se siente minada y menospreciada; si el padre se muestra crítico, denigrándola, ella se sentirá desolada. Tales sentimientos pueden expresarse en la típica rebeldía adolescente, que las puede llevar a la promiscuidad, con el objetivo de obtener el reconocimiento de sí misma y de su cuerpo; este comportamiento incluye un amplio espectro de representaciones mentales.
La joven que se siente rechazada primero por su madre y posteriormente por su padre emprenderá la búsqueda de ambos, pasando de un pecho frustrante a otro pecho disfrazado de pene sin embargo, esta necesidad primaria se presenta con un disfraz sexual a causa del mundo abrumador de la fantasía, tan fortalecido y confuso por todas las características sexuales secundarias que emergen abruptamente en esa etapa de la vida. De hecho, en sus mentes, cada encuentro sexual de estas jóvenes está cargado de esperanza y desilusión a la vez. La esperanza no tarda en desaparecer para ser inmediatamente reemplazada por una intensa decepción al no hallar nunca lo que buscan: una fusión simbólica con la madre, o más exactamente, con el pecho materno y todas sus cualidades nutritivas. No son conscientes de que en realidad buscan una afectividad coherente. Esto permanece oculto a sus ojos y también a los del mundo, en el cual sus actos de rebeldía se enfrentan a la desaprobación e incomprensión del resto. Como la tranquilidad que necesitan no la obtienen del exterior, intentan generarla indirectamente desde dentro mediante fantasías de embarazo. Es ahí donde el embarazo se convierte en la prueba indiscutible de su pertenencia al género femenino.
Ahora bien, las jóvenes experimentan biológicamente que tienen un espacio interno que está listo para llenarse, no sólo de un pene sino de un bebé por medio del embarazo, incluso aunque el grado de madurez de sus aptitudes emocionales y psicológicas no sean suficientes como para enfrentarse con los profundos cambios que la maternidad implica y con sus consecuencias. Esto explica el porqué la adolescencia es una etapa tan vulnerable de la vida. Cuando se sienten inadecuadas e inseguras con relación a su feminidad, ya no son capaces de fantasear sobre los simbolismos vinculados al espacio interno; por el contrario, utilizan sus cuerpos de forma muy concreta y se embarazan, esto sucede frecuentemente con las jóvenes delincuentes y promiscuas.
Para poder comprender la promiscuidad debemos dejar de lado la sexualidad e interpretar las representaciones mentales de los cuerpos de estas jóvenes. Éstas están vinculadas a las experiencias frustrantes y perjudiciales que han tenido con sus madres siendo niñas. Básicamente la promiscuidad constituye un intento irresistible e ilusorio de crear relaciones objetales y que está condenado al fracaso, ya que en realidad la joven huye de una experiencia frustrada con una madre que considera que no ha sido capaz de criarla adecuadamente. Ahora busca compulsiva e indiscriminadamente en los hombres lo que no obtuvo en contacto con su madre y por consiguiente surgen más decepciones. Sus orígenes están enraizados en dos fuentes originarias: la madre y el padre. Tales experiencias son casos extremos de un conflicto al que las jóvenes se enfrentan en la adolescencia. Al despertarse su sexualidad interna y el desarrollo de sus características sexuales de segundo orden, sus cuerpos se asemejan al de su madre, como consecuencia directa, resucitan todos los conflictos anteriores no resueltos con la progenitora, especialmente los relacionados con la frustración y la ira, esto se ve directamente reflejado en los encuentros sexuales indiscriminados de estas jóvenes que pueden simbolizar un deseo encubierto para obtener un grado de intimidad que nunca antes han experimentado. Si en su búsqueda quedan embarazadas se regocijan, ya que ello les supone una garantía de pertenecer al género femenino. Para algunas jóvenes tan sólo el embarazo en sí mismo constituye el logro esencial, de ahí que luego intenten abortar rápidamente.
Para otras el nacimiento del bebé es algo necesario, aunque pretendan renunciar al bebé al nacer, considerándose incapaces de hacerse cargo de la criatura. Para otras el embarazo también ofrece la esperanza de una cercanía con el feto que crece dentro de sus cuerpos. En ocasiones pueden tener una sensación de triunfo sobre la madre, o bien de venganza hacia la progenitora, esto les proporciona la certeza que los sentimientos hostiles que sus madres tuvieron hacia ellas no dañaron sus capacidades de procreación. Ésta es la razón por la cual la representación mental de convertirse en madre es un proceso de tres generaciones como mínimo: una mujer se convierte en su madre y en la madre de su madre. En ocasiones, el sentimiento de venganza hacia la madre o el padre por la forma en que éstos la trataron puede ser un indicador de la futura vida del niño o la niña.

domingo, 12 de marzo de 2017

El embarazo en la adolescencia.

Los métodos anticonceptivos deberían ser realmente el control de la concepción entre la pareja de adolescentes, asumiendo eso como una característica de su libertad y hacerse conscientes de su sexualidad genital. Pero, ¿cómo se entiende generalmente esta libertad? ¡Cuando vemos que adultos (padres y médicos) que toman la «decisión» de que la adolescente auténticamente enamorada, aborte; simplemente porque desde el punto de vista social y económico no son capaces de asumir la responsabilidad de tener un hijo...! Confrontadas —algunas de ellas— con el sentimiento de experimentar por primera vez en su vida un amor genuino por su pareja. Mujeres jóvenes que han sido educadas en el ámbito sexual por sus padres de una manera inadecuada o incluso verdaderamente espantosa, y que encuentran, por primera vez algo auténtico que les motiva a seguir adelante en su vida, aunado a la dicha de estar embarazadas de alguien al quien aman y que su amor es correspondido.
Obviamente habrá parejas de adolescentes que serán realmente incapaces de asumir las tareas correspondientes al cuidado, manutención y educación de su futuro hijo; pero también habrá parejas que lo puedan afrontar con responsabilidad.
Ahora bien, vemos a padres de éstas jóvenes que creen actuar como «adultos razonables» e interrumpen esa promesa de felicidad, que viene acompañada del embarazo de la adolescente. Muchas de ellas se vuelven entonces irrecuperables para el futuro al haber sido mutiladas de esa manera, de algo que tanto ella como su pareja esperaban como el primer logro de su vida.
Para muchos padres el aborto es una solución de comodidad. En lugar de ayudar a esas jovencitas a que lleguen al parto, porque en eso consiste su felicidad, toman el aborto como una pronta solución. Lamentablemente en la actualidad, con el pretexto de que el aborto es legal, los adultos se creen con derecho a juzgar quién debe y quién no debe tener un hijo, y tratan a esas futuras madres adolescentes como inmaduras y totalmente inútiles ante la vida.
A partir del momento en que una mujer adolescente es feliz por su embarazo y esto lo comparte con su pareja, ya que ambos lo toman como algo importante que les da sentido a sus vidas, y que fantasean la venida al mundo de ese hijo como una felicidad tangible (mientras que posiblemente ellos, por su parte, no conocieron a menudo la dicha de ser acogidos con amor en su nacimiento), entonces la decisión de los padres para hacer abortar a su hija, es realmente un error.
La educación sexual que reciben los adolescentes de sus padres, es casi nula ya que eso no forma parte de los puntos a tratar, a los progenitores lo único que realmente les preocupa es el posible embarazo de su hija, o que su hijo no embarace a nadie, de ahí en fuera todo lo que implica la sexualidad es algo que no tiene mayor importancia, y esto se debe en buena razón de que los progenitores siguen siendo en buena medida, niños en numerosos aspectos.
Ahora bien, existen adolescentes que se embarazan como consecuencia de una relación casual, que no aman a su pareja ni se sienten felices de que un niño llegue al mundo. Entonces, si esas mujeres quieren abortar, ¿por qué no? No están motivadas en absoluto para sostener esa otra vida nueva. Pero siempre hay que ver un poco más lejos del caso «social y económico», ver en lo profundo de la afectividad lo que implica abortar. “Y sobre todo tener muy en cuenta que la maternidad representa para la mujer, la regulación de su psiquismo”.

lunes, 21 de noviembre de 2016

La mujer tiene el dilema entre mantenerse virgen elevando su narcisismo y permanecer en un nivel de erotismo infantil que la hace sentirse incompleta.

En la época actual la adolescente para ser mujer y simbolizarse como tal debe tener experiencias sexuales, mientras no lo haga pasará por ser una tonta, chapada a la antigua, fuera de onda, es decir, el rol que debe asumir es de ser sexy, seductora, coqueta y con ello manipular las actitudes y portes de hacerse desear: "La mujer debe ser rogada no rogona" reza el dicho popular, lo que automáticamente la convierte en una narcisista que prefiere que la amen a amar. Pero este narcisismo, el del desear el deseo y no su satisfacción, la mantiene a distancia de la acción concreta, de la vivencia, del goce, del aprendizaje y la madurez sexual, y, por tanto, en el fondo no se narcisiza porque sabe de su déficit en tanto mujer-niña, o sea, virgen.
La virginidad constituye la expresión más pura de la estructura profundamente contradictoria del rol sexual exigido y esperado en la mujer. Si la conserva, mantiene el honor de su género, lo que eleva su narcisismo, pero permanece en un nivel de erotismo infantil que la hace sentirse incompleta; si por el contrario accede al deseo y su sexualidad se cultiva, creciendo como mujer en el sentido más amplio, cae presa del tormento de perder al hombre y pasar a la categoría de mujer deshonrada o de verse compulsada a formalizar una unión precoz para evitar este riesgo, todo lo cual se halla lejos de narcisizarla.
¿A quién confía sus dudas, temores, sufrimientos? Generalmente no encuentra a la madre receptiva y disponible para facilitar la iniciación de su sexualidad, pues la madre no puede abrir una temática, una comunicación que comprometería su rol de educadora. Si la madre estimula la sexualidad de su hija mujer, ¿cómo enfrenta ella misma el dilema de la virginidad, paradigma del honor de su género? Razón por la cual evita el tema, la confrontación y el compañerismo en esta etapa. La niña se dirige entonces hacia sus pares, pero corriendo el riesgo de no ser cabalmente comprendida, y que la amiga, arrastrada también por los dilemas puberales
y adolescentes, la condene con el calificativo de «puta», fantasma siempre cercano para cualquier adolescente que tiene como empresa principal en su vida "cuidar su reputación". Por tanto, la joven esconderá su curiosidad, reprimirá su deseo, inhibirá la fantasía y esperará al hombre con quien en la intimidad del amor podrá comenzar a investigar hasta entonces ¿qué es una mujer?