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"Si llega inadvertidamente a oídos de quienes no están capacitados ni destinados a recibirla, toda nuestra sabiduría ha de sonar a necedad y en ocasiones, a crimen, y así debe ser". Friedrich Wilhelm Nietzsche.

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lunes, 29 de mayo de 2017

La Ley del Incesto y la toxicomanía.

La “Ley de Prohibición del Incesto” se compone de dos imperativos, uno dirigido al sujeto, “No te acostarás con tu Madre”, el otro dirigido a la Madre, “No reintegrarás tu producto”.
Es justamente la interdicción dirigida a la madre la que que otorga alguna forma de suspenso, a consecuencia de la insuficiente representación del “Nombre del Padre”, lo que determina que estos sujetos queden atrapados como objeto de «Goce».
Con escasa capacidad metafórica se estructuran más del lado de lo que Sigmund Freud denominó “Neurosis Actuales” (neurastenia, neurosis de angustia, hipocondría) adquiriendo las características de un déficit simbólico, debido a las cuales se exigen acciones en lo real del cuerpo para poder lograr su compensación. Son toxicómanos —sujetos sin palabra— en tanto el acceso a ella está dificultado por la pregnancia pulsional incestuosa en la que se encuentran atrapados. La rectificación subjetiva que propone el psicoanálisis tiene como objetivo el intento de recuperar ese acceso a la palabra, para que el sujeto entonces pueda nombrarse a partir de reconocerse implicado en su devenir. Toxicómanos, estos de gran labilidad emocional, en tanto se encuentran siempre en peligro de la pérdida de amor o de su contrario, un engañoso "desborde de amor". En ambos casos, no hay reconocimiento de su alteridad. No hay para ellos la posibilidad del reconocimiento del Otro como algo exterior a sí mismos, por lo cual, oscilan entre su desaparición como objeto ante cada alejamiento afectivo, o una sensación de avasallamiento vehiculizada con frecuencia por fantasmas de devoración o de disolución en el Otro; todo esto enhebrado con la “Angustia de Inexistencia”.
El llamado “deficitario control impulsivo” queda así ligado a esta escasa capacidad metafórica y a la «desmentida» de la “Castración”, en tanto su resonancia con la “Falta” en el “Otro”. No siendo pasible de ningún intento de "reeducación" para adquirir la paciencia y la capacidad de postergación.
Se trata de la imposibilidad de hacer frente al incremento de la tensión libidinal, que sólo será calmada a través de la acción, la cual, a diferencia del acto, sostiene al sujeto en una posición de no implicación en la producción de la misma, en tanto esta acción se presenta como un desborde impulsivo ante el cual se encuentra inerme. Es entonces cuando no hay posibilidades de soportar una postergación del impulso, siendo ésta la razón de lo insoportable del incremento tensional, el cual pone en peligro la débil cohesión del Yo.
Este es un factor muy presente en los tratamientos, en tanto los incrementos de tensión pulsional, por ejemplo, ante la posibilidad de concreción de anhelos postergados, asumen características de insoportables y el sujeto debe hacer un "corto circuito" por intermedio de la descarga implicada en la recaída. Recurriendo así al sistema de cancelación del malestar ofrecido por el poder anestésico del tóxico. Lugar éste donde se articula con la problemática de la medicación psicofarmacológica —en su caso— en las adicciones.
El correlato a este déficit en el control impulsivo determina una intolerancia ante la angustia como señal del incremento pulsional sin posibilidad de descarga. Angustia que pone en peligro la integridad del Yo por no poder ligar el incremento tensional, que se transforma en una amenaza de avasallamiento, que dispara el “pasaje al acto” (acting out).
El establecimiento de una manifestación adictiva implica necesariamente la existencia de una particular deficiencia de la estructuración narcisista, generando dificultades en el establecimiento de un adecuado tránsito edípico.
La clínica de la toxicomanía nos muestra la imbricación de las manifestaciones adictivas en prácticamente todas las estructuras de base, pero también es evidente que sólo en aquellas en las cuales priman las dificultades narcisistas son en las cuales este entrelazamiento es más estrecho, dando lugar al desarrollo de un estilo de vida que denominamos "dependencia".

miércoles, 24 de mayo de 2017

La explicación a la niña sobre el coito.

Existe un momento delicado durante el desarrollo de la niña cuando se percata que los bebés antes de nacer se encuentran dentro del vientre de su madre o de las demás mujeres, esto regularmente conlleva la fantasía que el parto tiene lugar por el ano.
Este momento resulta ser crucial porque la niña percibe un fantasma erróneo, por lo que deben hacerse las explicaciones pertinentes para evitar que se coloquen en las articulaciones mentales de la niña y afecte su desarrollo psicosexual. Hay que decirle por ejemplo: «Estás equivocada, el bebé nace por la vagina». En seguida ella preguntará: «¿Y por dónde entra?». A esto se puede responder, dependiendo de la edad y madurez del infante, desde expresar: «Cuando seas adulta y tengas marido, él debe explicarte como se introduce un bebé».
La niña puede continuar con sus preguntas y las respuestas debe ser siempre justas, simples y dejar abierta la posibilidad a otras preguntas, a las que se irá respondiendo a medida que se presenten, hasta el momento en el que se tenga que explicar de manera directa, que los bebés nacen por la introducción del pene en la vagina y desde ese momento empieza a crecer un bebé dentro del vientre de la madre.
Cuando un infante no sigue formulando preguntas de índole sexual no es necesario continuar dándole explicaciones, esto podría llevarlo a sentirse intimidado por el adulto.
Entre los cuatro a ochos años de edad aproximadamente el Complejo de Edipo se encuentra muy activo en la niña, pues el padre es el objeto de sus pensamientos, ensueños y los fantasmas. Es totalmente inútil disuadirla de ello si no verbaliza constantemente esta esperanza, pues una niña que la verbaliza a cada instante está formulando, en realidad, una pregunta implícita. Basta que en el momento oportuno la madre le diga a su pequeña hija: «Yo no me casé con tu abuelo, que es mi padre». Esta respuesta en ocasiones basta para liberar a la niña, aunque a veces esto no resulta suficiente por estar su sensualidad muy comprometida. Llegará entonces el día que la hija corteje a su padre más de lo acostumbrado, y el progenitor debe expresar: «Nunca te amaré como mujer, porque eres mi hija. Además a la amo como esposa, es a tu madre».
Esta verbalización absolutamente simple de «prohibición del incesto» alivia a la niña de sus fantasmas edípicos. A la madre le correspondería también decirle a su hija, que todas las niñas de su edad en algún momento pensaron que se casarían con su propio padre.
La curiosidad de la niña se despierta cada vez más y desea enterarse con mayor detalle de la vida íntima de sus padres. Esta curiosidad va a traer consigo —si no es objeto de reproche— incitación de la niña para que pregunte lo que desea saber (lo que el padre y la madre hacen en la cama), la respuesta exacta en lo referente a las relaciones de amor y de contacto físico será que la vida le brindará también estas relaciones cuando sea adulta y, sobre todo, darle la idea de que ella nació, precisamente, gracias al amor y deseo de sus progenitores. Esta dilucidación del fantasma proporcionado a la niña de la «escena primaria», cuando se verbaliza en un buen ambiente entre ésta, su madre y su padre (pues es una conversación que se puede tener entre varios), produce en la niña la liberación definitiva de lo que quedaba de incestuoso respecto de su padre, en su aspecto heterosexual, y de su madre, en  su aspecto homosexual.
La resolución edípica es un momento decisivo para el desarrollo psicosexual de la niña y debe ir acompañada por la prohibición del incesto lateral con los hermanos, en su caso.

jueves, 11 de mayo de 2017

La madre pederasta.

Los infantes corren el riesgo de entrar al juego de las rivalidades arcaicas, remanentes o sexuales regresivas de su madre primordialmente, así como de su padre y el entorno adulto que los rodea.
Cuando nos referimos a la madre del lactante, que, debido a sensaciones corporales de satisfacción y de frustración, debilitará o no más que cualquier otro sujeto su poder libidinal de desarrollo, por el poder de sus pulsiones erógenas, ligadas a variaciones de sus sensaciones cenestésicas y sensorio-motrices. Así, en la edad de la organización del «etapa oral», las «madres devoradoras» necesitan más a su hijo que éste a ellas. Estas mujeres tienen más necesidad de la «masa fálica» que representa simbólicamente su vástago en sus brazos, con el “pretexto” de prodigarle cuidados necesarios. Mientras que con su partenaire experimentan menores placeres cuando las abraza y acaricia.
Estas mujeres raramente experimentan orgasmo durante el coito, mientras que el contacto del cuerpo de su niño lactante se los puede procurar en ocasiones; estas madres resultan ser pederastas consciente o inconscientemente hablando.

viernes, 27 de enero de 2017

El silencio después del incesto.

Cuando ocurre el incesto regularmente la víctima y sobre todo la familia guarda silencio sobre el lamentable incidente; a primera vista la mayoría de las personas pensarían que no se habla sobre la violación por razones de vergüenza, o por tratarse de un hecho repugnante que se desea olvidar inmediatamente para borrar el dolor que representa.
Ahora bien ¿por qué razón en otros hechos perniciosos, como un accidente, una defunción, un secuestro, una enfermedad, etcétera la familia aborda el tema libremente, e incluso desea conocer los mínimos detalles del acontecimiento, mientras que en el incesto se calla rotundamente?
Desde el psicoanálisis podemos dar una respuesta a ese silencio sepulcral que guardan los sujetos respecto al incesto, primeramente debemos señalar que existe una reacción de enojo o rabia hacia al agresor sexual con deseos de tomar justicia por propia mano y propinarle con un castigo cruel por la barbarie cometida. Pero ¿cuál es la razón de tomar esta actitud?
En la mente del sujeto se desatan deseos profundamente reprimidos en contra del culpable porque esa misma acción de violar la poseen todos seres humanos de manera latente, sigilosa, inconsciente, motivo por el cual el sujeto se horroriza o se asombra porque le resulta también muy difícil dominar «su deseo de violar»; por eso evita al culpable con horror, el espanto surge porque conlleva un miedo inconsciente a contagiarse y tener en consecuencia al mismo fin. El incesto se ha transformado entonces en un tema tabú, si la familia osara hablar abiertamente sobre el incesto sería tomado por estos como una incitación directa a ponerla nuevamente en práctica, por eso nadie se atreve abrir el tema a discusión, conocer los pormenores... Por otro lado el sentimiento de culpabilidad que guarda el violador y la sumisión voluntaria al castigo es generalmente aceptada. Difícilmente puede dejar de actuar el violador aunque las leyes se vuelvan más estrictas y las penas más grandes, el castigo no mermará las perversiones, sino simplemente la disposición legal surge para proteger a la sociedad. Indiscutiblemente el castigo legal no es sólo una institución práctica para defensa de la sociedad, o una medida que trata de enmendar al culpable y que se realiza a título de ejemplaridad, sino que satisface también nuestro lado oscuro, el deseo abierto o disimulado de ser crueles y sobre todo vengativos y despiadados, de esos sentimientos también están constituidos todos los humanos.

lunes, 21 de noviembre de 2016

En el incesto siempre es una imposición no el producto de un consenso; no significa vida sino muerte, y el afecto predominante no es amor sino odio.

El adulto que irrumpe en la intimidad sexual del infante es un perseguidor que niega su ser y lo funde con el de él mismo en un acto de omnipotencia narcisista. En el incesto, no existe la libido relacionada con un objeto donde hay dos polos adulto-adulto sino una tensión entre dos tipos de libido narcisista, una intra-ego y otra extra-ego.
Este narcisismo alberga la ilusión de una situación no-edípica que sólo conoce el Yo, en la cual se considera a sí mismo autocreado, sin límites sexuales, fuera de la estructura de parentesco.
En el incesto siempre es una imposición no el producto de un consenso; no significa vida sino muerte, y el afecto predominante no es amor sino odio.
La reacción inicial del infante durante la relación sexual es de rechazo y resistencia; pero si el violador persiste, desaparece como figura externa y niño introyecta la culpa del adulto.
En el incesto siempre se observa un sujeto adulto con sexualidad infantil perpetrando la sexualidad del niño-víctima.