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"Si llega inadvertidamente a oídos de quienes no están capacitados ni destinados a recibirla, toda nuestra sabiduría ha de sonar a necedad y en ocasiones, a crimen, y así debe ser". Friedrich Wilhelm Nietzsche.

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lunes, 30 de enero de 2017

Todos somos adictos.

Todos recurren a comportamientos de tipo adictivo cuando ciertos eventos en la vida interna o en el mundo circundante, crean una situación de dolor, ansiedad o angustia inusual que sobrepasa los mecanismos de defensa habituales para enfrentar el displacer: en tales circunstancias es factible que cualquiera llegue a «abusar» de ver televisión, comer, beber, fumar, usar fármacos, ingerir drogas o incluso pasar muchas horas en Facebook, entre muchas otras cosas más, todo con la única finalidad de olvidarse momentáneamente de la tensión psíquica; o bien se puede llegar incluso a utilizar relaciones sexuales transitorias (aventuras), que la mujer tiende regularmente a reflexionar pasado el evento y preguntarse: ¿por qué lo hice? Si ni siquiera era de mi total agrado.
Podríamos decir entonces que esta forma particular de solucionar un conflicto o un dolor psíquico, sólo se torna en un «síntoma» cuando aparece como la «sola y única» manera de enfrentar el dolor mental o el displacer.
Suele ser bastante común que cuando se le pregunta el sujeto alcohólico y toxicómano por qué motivo abusa de las sustancias, responda: “El problema con mi adicción realmente sucede cuando no estoy seguro si me encuentro deprimido, ansioso, angustiado, feliz, nostálgico, excitado sexualmente... y es en ese preciso momento es cuando empiezo a drogarme. En una palabra mi estado anímico lo siento siempre ambiguo y difuso. ¡Ni siquiera se lo que deseo!”.
En algunos otros casos se llega a abusar de la sustancia psicoactiva con la finalidad de disuadirse de la ansiedad o angustia, es como si se usará un paliativo para reemplazar el displacer que nos causa el conflicto psíquico, con eso se suplanta, escapa o aniquila una parte del mundo interno, es decir una experiencia afectiva, obviamente dolorosa.

La adicción.

Cualquier forma de adicción está cargada con una cantidad considerable de compulsividad. Es evidente que una falla en el funcionamiento psíquico y en el mundo representacional interno no puede ser reparada por sustancias u objetos encontrados en el mundo externo; en otras palabras, la búsqueda de solución en la adicción es un intento infantil de autocuración, frente a la amenaza de estados psíquicos alterados.
Los sujetos cuya economía psíquica funciona predominantemente bajo este modelo, deben recurrir incesantemente a sus actividades de adicción. El alcance de la compulsión y su severidad o de otro modo su proclividad a la adicción, dependerá de los peligros de que deberá defenderse; en otras palabras, de la naturaleza de los estados de dolor psíquico provenientes del Ello que deberán ser dispersados o eludidos mediante la persecución del objeto de la adicción a cargo del Yo.
Estos estados psíquicos entran en tres categorías y determinarán la cantidad de “trabajo” que se espera que la adicción solucione apremiantemente.
Primeramente un intento por resguardarse de las ansiedades neuróticas (conflictos referentes a los derechos que se tiene como adulto: relaciones sexuales y sentimentales; obtener un placer narcisista en el trabajo y en las relaciones sociales).
Posteriormente un intento de combatir los estados severos de ansiedad (frecuentemente de naturaleza paranoide) o bien, de depresión (acompañada de sentimientos de muerte interna).
Y por último, en muchos casos, la huida de ansiedades psicóticas (tales como el miedo a la fragmentación física y psíquica).
Por debajo de cada uno de esos estados de dolor psíquico subyace un terror globalizado a enfrentar un vacío en el cual el sentimiento de identidad subjetiva está en peligro.
Con el descubrimiento del objeto de la adicción el sujeto sabe exactamente lo que debe hacer en todas las situaciones en las que la emoción lo sobrepasa. Es así que el sujeto angustiado está convencido de que nunca más sufrirá la sensación de total abandono en los brazos de otro. Nunca más tendrá que enfrentar una angustia sin palabras, ya que esta será inmediatamente descargada o limpiada a través del acto adictivo. Además el sujeto tendrá la impresión de estar ejerciendo un control omnipotente sobre el objeto de sustitución. Nunca más le faltará este «objeto» en la medida de lo posible.
El rol del desafío en la adicción como solución, además de dispersar el dolor psíquico, la conducta adictiva representa un intento de saldar cuentas con los objetos parentales del pasado. Invariablemente comprende un triple desafío:
«Desafío al objeto materno internalizado, experimentado como habiéndole fallado al sujeto, siendo ahora la función materna delegada al sustituto adictivo: "Nunca más volverás a escapar. Ahora tengo el control sobre ti"»
«Desafío al objeto paterno internalizado experimentado como habiendo fracasado en su función paterna, actitud desafiante que es a menudo proyectada a la sociedad entera en actividades antisociales: "No me importa lo que los demás piensen de mi conducta. Al diablo con "todos ustedes"».
«Finalmente existe, inevitablemente, un cierto desafío a la muerte. Esta puede adquirir dos formas, o bien: "A mi nada me puede afectar. La muerte es para los otros". Y por el otro lado, cuando el sentimiento de omnipotencia cede el paso a un sentimiento de muerte interna: "¿...que mi conducta adictiva podría causarme la muerte? Ya no me importa nada, ni siquiera mi vida»".
En cuanto a las adicciones, la labor psicoanalítica debe dirigirse, entre otras cosas, hacia la posibilidad de revelar y elaborar aquellos estados emocionales primitivos, infiltrados con sadismo oral y anal.
La solución ilusoria que proporciona la adicción es la huida de los miedos neuróticos, psicóticos y fóbicos. Se debe agregar a esto el concepto de los estados alexitímicos*, ya que uno de los más grandes obstáculos en el tratamiento de problemas de adicción es la «falta de tolerancia afectiva».
La economía narcisista es igualmente frágil, y por lo tanto la solución en la adicción tiene un doble propósito narcisistico:
a.- La reparación de la dañada imagen del Self.
b.- Mantenimiento del control omnipotente a través de la facilidad de recurrir al objeto de la adicción.
«Ante la aparición de impulsos suicidas» el tratamiento psicoanalítico puede resultar en algunos sujetos y en algunas circunstancias inapropiado, por lo cual se recomienda la asistencia de organizaciones tales como “Alcohólicos Anónimos”, “Drogadictos Anónimos” o similares que pueden concretamente reemplazar la falta de la dimensión paterna con la forma de algún cuidado comunitario consistente que los sujetos estén en constantes relaciones intersubjetivas, esto con la finalidad que el Yo del adicto sienta apoyo y sostén para su mejor integración, ya que muchos sujetos no pueden soportar las frustraciones inherentes a la relación psicoanalítica (Transferencia y Contratrasferencia). Finalmente, debemos reconocer que las adicciones sexuales son un intento de reparar el psiquismo dañado de la imagen distorsionada de la identidad de género y el rol como ser sexual.

* La alexitimia designa la incapacidad de hacer corresponder las palabras con las emociones.
Las manifestaciones alexitímicas nucleares son cuatro:
1.- Incapacidad para expresar verbalmente las emociones o los sentimientos.
2.- Limitación de la vida imaginaria.
3.- Tendencia a recurrir a la acción para evitar y solucionar los conflictos.
4.- Descripción detallada de los hechos, de los síntomas físicos, actividad del pensamiento orientada hacia preocupaciones concretas.
La alexitimia tiene como factor central un problema de la función simbólica, es decir, la incapacidad para expresar la dimensión inconsciente en palabras, ensueños y fantasías. Por estas características, es solamente a través de la somatización ( la somatización es una afección crónica en la cual el sujeto presenta síntomas físicos que involucran más de una parte del cuerpo, pero no se puede encontrar ninguna causa física sino más bien su origen es mental; sin embargo, el dolor y otros síntomas que las personas experimentan son reales y no son creados ni simulados) que el sujeto denuncia, o bien enuncia y puede dejar aparecer su estado emocional.

domingo, 29 de enero de 2017

Las disputas en Facebook y la adicción.

Generalmente las personas creen que la adicción está limitada a sustancias como el alcohol, cocaína, fármacos, marihuana, etcétera, pero también es cierto que puede servir a este propósito cosas tales como el sexo, la masturbación, la comida, el ejercicio —por mencionar sólo algunas— que se presentan en forma desmedida.
En este orden de ideas, observamos a través del psicoanálisis como el sujeto utiliza el vínculo con otras personas como un método para eliminar sus tensiones, con lo cual surge la necesidad de apoyarse o fusionarse con otro para aliviar sus estados afectivos dolorosos, por lo tanto podemos señalar entonces que las adicciones tienen el mismo propósito en común: “eliminar la tensión psíquica, o displacer el que se presenta”.
Es también sorprendente observar aquellos sujetos que sienten una necesidad imperiosa de buscar constantemente discusiones de cualquier índole con otras personas. Esto se denota ahora con bastante frecuencia en las redes sociales, donde leemos al usuario que contradice casi todas las publicaciones sin argumento alguno por la sencilla razón de carecer de los conocimientos sobre el tema, a estos cibernautas se les puede leer criticando desde el psicoanálisis hasta la física cuántica pasando por la farmacognosia, sin tapujo alguno; muchas veces se apoyan de Internet para buscar una opinión divergente a la publicación, «copian y pegan» con la finalidad de sentirse victoriosos. Ahora bien, estos sujetos frecuentemente esconden una posición paranoide (recordemos que la paranoia es una homosexualidad deformada)* y con sus acciones logran descargar levemente su tensión psíquica, manteniendo así controlada la ansiedad persecutoria.
El intento constante de eliminar «perseguidores internos» nos puede llevar a incluir a los sujetos que padecen insomnio en la categoría de los adictos, ya que también ellos están siempre a la búsqueda meticulosa de aquel ruido, ocupación o circunstancia externa, que responsabilizan directamente por mantenerlos despiertos.
Este tipo de vínculos que demandan dependencia, intercambio agresivo o contacto sexual compulsivo (en el que la personalidad del partenaire es a veces relativamente indiferente) puede adecuarse a las funciones de adicción descriptas más arriba, es decir para la dispersión de afectos y el uso de sustancias o personas como sustituto de «objetos parentales internos dañados o incluso faltantes».
*Sandor Ferenczi.

lunes, 16 de enero de 2017

Psicoanálisis del acérrimo sujeto antialcohólico.

Los síntomas característicos de la  ebriedad son el abandono consciente o preconsciente a las fantasías, discursos agresivos o diálogos sobre temas inhibidos, que en circunstancias de sobriedad el sujeto no manifestaría por estar severamente reprimidas.
En algunos sujetos alcohólicos esta liberación de los complejos va acompañada paradójicamente de una mejoría en su estructura neurótica, aunque hay que reiterar que esto no es la regla sino la excepción; también debemos señalar que una ligera ebriedad causaría los mismos efectos.
Los síntomas que se presentan bajo los efectos del alcohol, no únicamente son presididos por las bebidas embriagantes.
La ingesta de alcohol actúa solamente como factor desencadenante, destruyendo las sublimaciones e impidiendo el rechazo, pero la causa fundamental de los síntomas debe buscarse a nivel de los deseos profundamente reprimidos que exigen una inmediata satisfacción.
Mientras que para algunos sujetos «que no toleran el alcohol» la bebida es una tentativa inconsciente de autocuración mediante esta sustancia; otros neuróticos, arriesgándose a caer en el alcoholismo crónico, emplean este producto como «medicamento» teniendo un relativo «éxito» por un lapso limitado de tiempo.
Por ejemplo un sujeto que padece de agorafobia puede sacar el coraje necesario con unos sorbos de alcohol  para atravesar un gran espacio abierto. Para este sujeto su vida puede estar oscilando permanentemente entre el alcohol y la neurosis; puede suponerse sin temor a equivocarse que el alcoholismo en un sujeto así, no es la causa, sino la consecuencia de la neurosis.
Ahora bien, una pequeña cantidad de alcohol puede liberar sublimaciones inhibidas, aunque presentes. Sin embargo, cuando un borracho abraza insistentemente a su amigo, o incluso lo toca repetidamente en las nalgas, esto ya no forma parte de una sublimación sino más bien de un erotismo homosexual mal disimulado.
Otto Gross, en su excelente trabajo sobre la estructura mental del maníaco, esboza su concepción sobre la acción desencadenante del alcohol en esta patología. Nos dice que determinados sujetos maníacos, consiguen acallar sus complejos de ideas dolorosas y sus afectos penosos sin tomar estupefacientes, mediante una producción endógena de euforia,
Posiblemente el neurótico que se refugia en la bebida intenta compensar así la capacidad endógena de producir la euforia que necesita; esto hace presumir cierta analogía entre el alcohol y la «sustancia euforígena» buscada. «Efectivamente, la ebriedad con todos sus síntomas y el malestar consiguiente evoca la patología circular, en la que la melancolía sucede a la manía».
La observación y el análisis de los sujetos que fueron alcohólicos pero que dejaron de beber nos ofrece varias perspectivas sobre las relaciones entre el alcohol y la neurosis. En muchos casos, el empeño acérrimo de dejar de beber en el alcohólico puede relacionarse con hechos o abusos sexuales de los que se siente culpable y cuyo castigo sería el ascetismo aplicado a otro terreno (la privación de alcohol). Constatamos a menudo que los partidarios más tenaces de la abstinencia en el consumo del alcohol se muestran con un libertinaje en el ámbito lo sexual, cayendo en la promiscuidad.
Con lo expuesto no se pretende desvalorizar el movimiento de alcohólicos anónimos o agrupaciones análogas. Seguramente, toda vocación (incluso la del psicoanalista) posee un determinante sexual. No se pretende que el antialcoholismo se reduzca siempre a factores de este tipo, pero hay que señalar simplemente que el rechazo del alcohol es frecuentemente de origen neurótico (determinado por un contenido psíquico inconsciente), un desplazamiento de la resistencia.
El antialcohólico es un neurótico que se autoriza a vivir su libido, pero sólo al precio de un sacrificio de idéntica naturaleza (renuncia al alcohol). Esto lo podemos ejemplificar en el infante que hace tocamientos indecentes (de connotación sexual) a su compañera mientras come un helado, el remordimiento puede durar todo su vida, por lo que puede desplazar esa culpa en no probar jamás un helado.

viernes, 13 de enero de 2017

Homosexualidad, paranoia de celos y alcoholismo.

Alphonse Maeder por medio de sus investigaciones descubrió «tendencias homosexuales indiscutibles» tras los delirios persecutorios de los pacientes paranoicos que había examinado.El sujeto no proyecta su paranoia contra cualquier interés libidinoso sino exclusivamente contra una
elección de objeto homosexual.
En la homosexualidad no juega un papel ocasional la paranoia sino en la génesis de la homosexualidad siempre se encuentra esta última, ambas están implicadas. Por esta razón a la paranoia podríamos atribuirle que es una «deformación de la homosexualidad».
Los celos patológicos que presentan los sujetos —muy característicos en los alcohólicos— representan inconscientemente la atracción homosexual por el supuesto rival, sea real o fantaseado.
La repugnancia que puedan sentir algunos alcohólicos en las relaciones con su partenaire, no únicamente se manifiesta en impotencia en el caso de los hombres, sino es consecuencia de su homosexualidad inconsciente.
Se debe entender que generalmente el alcoholismo es la causa de una homosexualidad inconsciente, el consumo de las bebidas embriagantes en exceso es el resultado de la oposición insoluble entre los deseos heterosexuales conscientes y los deseos homosexuales inconscientes; al destruir el alcohol la sublimación, aparece el erotismo homosexual (obsérvese los comportamientos afeminados o inclinaciones homosexuales durante los efectos del alcohol), por lo cual el único camino que le queda a la consciencia para librarse de esos deseos homosexuales es mediante la proyección, es decir, el delirio de celos paranoico.
Algunos alcohólicos pueden sublimar parcialmente sus tendencias homosexuales, esto se manifiesta en que son buenos esposos, cariñosos amantes, que presentan un adecuado comportamiento social... Pero cuando las circunstancias imponen grandes exigencias a su capacidad de sublimación, es cuando estallan provocando una escena de celos patológicos, justificando su acción al expresar que lo hacen porque están profundamente enamorados de su partenaire, que temen perderla, etcétera. Incluso estos hombres pueden manifestar una extraordinaria potencia viril —que regularmente alardean— aunque únicamente por breves períodos de tiempo, llevando esto a cabo, no con el propósito de satisfacer a su pareja, sino con el de autoafirmar su masculinidad.
Por otro lado, algunas mujeres que presentan una insaciabilidad sexual, llegando a la promiscuidad se debe muy posiblemente a su homosexualidad inconsciente.
Otras mujeres que padecen celos patológicos pueden mantener muchas relaciones sexuales con su esposo, con la finalidad que sean impotentes con otras mujeres, ocultando de esta manera los celos paranoicos ante si mismas. Si ese plan fracasa, y al verse acorralada por su homosexualidad subyacente, se sienten obligadas a proyectarla sobre su marido, haciéndole una escena de celos patológicos. Regularmente este tipo de mujeres han tenido una fijación muy intensa con sus madres o alguna hermana mayor durante su infancia.