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"Si llega inadvertidamente a oídos de quienes no están capacitados ni destinados a recibirla, toda nuestra sabiduría ha de sonar a necedad y en ocasiones, a crimen, y así debe ser". Friedrich Wilhelm Nietzsche.

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viernes, 4 de agosto de 2017

El efecto de la mirada y la voz paterna.

"La vida del hombre se reduce a los ojos. No podemos esperar nada de él sin modificar la mirada". Émile Michel Cioran.

​Por medio del psicoanálisis se observa que en el destino de los hijos varones pesa más la voz del mandato paterno y en las hijas mujeres mucho más la mirada del padre. Hay un momento clave en la vida pulsional que es el pasaje a la adolescencia donde efectivamente «cae» la mirada del padre sobre la hija. En las vicisitudes de las neurosis, al padre le cuesta mirar a su hija adolescente en vías de transformarse en una mujer, desvía la mirada, hay un desvío de la mirada. La hija queda «caída» en una cuestión muy compleja, que hace al destino de la relación entre su narcisismo y su sexualidad. Por un lado busca la mirada del padre, y por otro lado la teme —estamos hablando de las vicisitudes de la neurosis.
Si la mirada del padre no funciona, ya sea porque se enceguece en exceso, o porque se vuelve en exceso esquiva, esto pesa de una manera determinada —desde la anorexia hasta la histeria— pasando por las actuaciones compulsivas u obsesivas de las jovencitas que se ocultan o sólo viven para «ser miradas». ¿Será acaso qué la histérica busca inconscientemente en los hombres aquella mirada que su padre le negó o esquivó hacia ella durante su adolescencia?


sábado, 3 de diciembre de 2016

El vómito resulta ser un Goce para la anoréxica.

En el psicoanálisis conocemos que el deseo siempre está ligado a una falta. De este modo, como lo señala Jacques-Marie Émile Lacan, el niño atiborrado por la madre puede rehusar “alimentarse” para recrear una falta que sella su intento de satisfacer sus necesidades: «Es el niño al que se alimenta con el mayor amor el que rechaza la comida y se sirve de su rechazo como de un deseo».
Tal aproximación sitúa a la anorexia mental en el extremo de la posición histérica respecto del deseo. Ya la histérica, por su manera de ligar el deseo con la insatisfacción, tiende a demostrar que el deseo no recae sobre el objeto (sujeto) particular al que parece dirigirse, sino que en última instancia se dirige a una falta, a una «nada».
Hay que destacar en especial lo siguiente: la anoréxica gasta una gran cantidad de energía intelectual y hasta física (vigilias prolongadas, ejercicios deportivos, hiperactividad, etcétera), pero esta energía es puesta enteramente al servicio de un síntoma, lo propio del cual es impedir la identificación sexual (la anoréxica no es ni hombre ni mujer) y asimismo intenta consciente o inconscientemente desechar toda posibilidad de relación afectiva o sexual. Verbigracia no es raro que las anoréxicas multipliquen los vómitos autoprovocados describan la sensación del peso del alimento como insoportable, un insoportable que se siente idéntico a un muy fuerte ‹‹Goce››, Goce desde el punto de vista del psicoanálisis.
Goce: El concepto de Goce se constituye en el hecho mismo de que nuestro deseo está constituido por la relación que tenemos con las palabras. Se diferencia así del uso común del término, que confunde el goce con las suertes diversas del placer. El goce concierne al deseo, y más precisamente al deseo inconsciente que nunca se satisface, lo que muestra que esta noción desborda ampliamente toda consideración sobre los afectos, emociones y sentimientos. El goce se opone entonces al placer, que disminuiría las tensiones del aparato psíquico al nivel mínimo.