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"Si llega inadvertidamente a oídos de quienes no están capacitados ni destinados a recibirla, toda nuestra sabiduría ha de sonar a necedad y en ocasiones, a crimen, y así debe ser". Friedrich Wilhelm Nietzsche.

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martes, 15 de agosto de 2017

El dispositivo móvil provoca una ineficaz comunicación.


La era postmoderna trae consigo el concepto que los adultos ya no son el modelo a seguir sino por el contrario, ellos deben imitar a los jóvenes, la publicidad mediática lleva esta función enfocada en cimentar la creencia que ser joven es el “ideal” primordial de esta cultura.
Los jóvenes no visualizan un futuro claro, no desean hacer el esfuerzo y someterse a un proceso para «conseguir» lo que anhelan, creyendo que se les tiene que «dar» como algo natural, que es inherente a su existencia. No importa la razón por lo que se quiera tener algo, lo trascendental es que debe obtenerse inmediatamente, no hay tiempo de espera y la postergación es sentida como sufrimiento; lamentablemente los padres no han hecho bien su papel: enseñar al hijo a ser tolerante durante la espera.
Los padres entran a ese perjudicial juego de brindar todo a su vástago, respondiendo a todas las demandas intentando colmar ese deseo insaciable de trasfondo.
Esa inmediatez tiene su correlativo en la frase: “No sé exactamente lo que quiero ni para que lo quiero, pero lo quiero ya”, lo que dirige al sujeto a caer en una trampa, en un círculo vicioso del cual resulta difícil salir porque no se alcanza nunca a colmar esa saciedad, no se trata únicamente de una «necesidad», sino de un «deseo» y éste es imposible de satisfacer, por eso resulta tan fugaz la sensación de bienestar ya que la demanda se salda pero el deseo es siempre inmutable.
Esta es una época donde los límites son inexistentes, y los excesos es la moda, aunado a una incipiente “Función Paterna” donde ambos progenitores son causantes de esa inadecuada “Función”.
La adicción —como lo entiende la mayoría— no es únicamente el abuso del consumo de sustancias tóxicas, sino tambien tiene que ver con la “moda”: tener el dispositivo móvil más reciente, portar la ropa de novedad, comprar la bicicleta de mayor innovación, estar a la vanguardia en el consumo de bienes y servicios. El “tener” suple al “diálogo”, la comunicación es inexistente si no se cuenta con un medio tecnológico para ello, aunque la conversación vaya dirigida con quien vive en la misma casa.
Hijos y padres hastiados de observarse de frente, a los ojos, se inclinan a mirar sus celulares, se aíslan, iniciando un viaje a modo individual, donde la relación con el celular se ha convertido en algo excesivamente personal, que implica un repliegue narcisista hacia el interior del sujeto. El ser parlante se va quedando irremediablemente mudo ante su partenaire, amistades y familiares.
La depresión que sufre el sujeto —depresión que se presenta regularmente a lo largo de la vida por diferentes circunstancias— lleva la sensación de soledad que el sujeto intenta evadirla de múltiples maneras por resultarle insoportable. La tecnología le proporciona un bienestar efímero a eso, aunque también le abre el camino a una grave y permanente dependencia en el campo de la fantasía que proporciona la virtualidad.





El goce mortífero.

Jacques-Marie Émile Lacan cuando se refiere al Goce, nos habla de un Goce que resulta ser mortífero en el cual el sujeto está atrapado ya que siempre desea Gozar y cada vez más, lo que nos lleva a preguntarnos ¿En que momento se puede detener? En el Goce no existe la palabra «regulación», y su destino es, casi siempre, trágico.
Este Goce está presente en todos los sujetos pero puede observarse con mayor claridad en los toxicómanos, que se caracterizan por un estado sin discurso, donde se posicionan ante el otro como alguien sin palabras: mudo.
¿Qué significa esto? Antes de su entrada en lenguaje el sujeto sólo existe en el plano de la relación imaginaria, especular; alienado en el “Otro Materno”. Será ese primer encuentro el modelo a seguir el resto de su vida, donde la primera satisfacción se dará para colmar una necesidad puramente fisiológica (comer, defecar, dormir… un estado comparado casi a la omnipotencia, donde no hace falta nada).
Ahora bien, quedará un registro de esa primera satisfacción, pero no será hasta un segundo momento cuando presentándose nuevamente el displacer por cualquier circunstancia, el infante se vale de esa primera experiencia aspirando a satisfacer ahora su necesidad bajo una “idea alucinatoria”, provocando así un falló que pone en entredicho la imposibilidad de ser autosuficiente, instaurando en ese instante el «deseo». Abriendo la brecha entre la «satisfacción de la demanda» y «colmar un deseo» propiamente pulsional. Aquí encontramos la fuente inaugural de toda relación aun no dialéctica, pero que sin embargo pone al niño en la posibilidad de instituirse como sujeto hablante.
El deseo del sujeto alienado a la instancia puramente imaginaria, sometido al deseo del Otro, sólo podrá salir de esta relación a partir del lenguaje. Para el toxicómano este Otro vendría a ser sustituido por la sustancia tóxica, estableciéndose una relación. La adicción se convierte en una búsqueda infructuosa por esa primera relación madre-bebé pero al mismo tiempo bloquea la elaboración del duelo por la perdida ese “objeto primordial”.
Dicha sustancia parece responder mágicamente a todas las necesidades inmediatas del toxicómano evitando las tensiones internas y externas que se presentan a cada momento de su vida.
La sustancia se halla en estrecha
relación con aquella dependencia infantil pero seguramente también se actualiza con otras circunstancias que reafirman dicha dependencia.
El contexto donde se desarrolla el toxicómano están centrados todos sus intereses en esa dependencia donde se funde el sujeto con la(s) sustancia(s) tóxica(s) ya que regularmente estas van cambiando acorde a la disponibilidad, o bien consume múltiples sustancias al mismo tiempo.
El aislamiento social del toxicómano es lo que sobreviene y las nuevas formas de vincularse resultan ser cada día más complicadas. La disminución de los vínculos, la ausencia casi total del otro, puede ser percibida por el toxicómano como un “otro ajeno”, dejando de ser un semejante, volviéndose un completo extraño, o incluso visto como un perseguidor, por lo tanto toda relación se vuelve imaginaria y persecutoria producto del desconocimiento total del otro.







La fantasía.

La fantasía está implícitamente ligada a la psique siendo una precondición para el funcionamiento del inconsciente y la base a partir de la cual surge todo pensamiento.
La definición de Susan Isaacs al respecto dice: “La «expresión mental» del instinto es la fantasía inconsciente… No hay impulso, impulso instintivo o respuesta que no se experimente como fantasía inconsciente”. “Los primeros procesos mentales deben ser considerados como los primeros comienzos de las fantasías. En el desarrollo mental del niño, sin embargo, la fantasía pronto se convierte también en un medio de defensa contra las ansiedades, un medio para inhibir y controlar impulsos instintivos y una expresión de deseos reparativos… Todos los impulsos, todos los sentimientos, todos los modos de defensa se experimentan en fantasías que les dan vida mental y muestran su dirección y propósito”.
A partir de este postulado, el grupo de psicoanálistas que estaban con Melanie Klein pasaron a proponer elementos de una psicología general, incluyendo la afirmación de que hay “una fantasía inconsciente detrás de cada pensamiento y cada acto” (Enrique Pichon-Rivière). Es decir, la expresión mental de los procesos primitivos “es la fantasía inconsciente”. Y no es sólo un zumbido de fondo, por así decirlo.
Isaacs afirma que “el pensamiento de la realidad no puede operar sin la concurrencia y el apoyo de fantasías inconscientes”. Y más adelante agrega: “las fantasías son el contenido primario de los procesos mentales inconscientes”. “Las fantasías tienen efectos psíquicos y corporales, por ejemplo, en los síntomas de conversión, las cualidades corporales, el carácter y la personalidad, los síntomas neuróticos inhibiciones y sublimaciones”. “Incluso determinan las minucias del lenguaje corporal”. Por su parte Klein dice: “El papel de la fantasía inconsciente se extiende desde el primero hasta el pensamiento más abstracto. El primer pensamiento del niño acerca de la existencia del mundo externo proviene de ataques sádicos al cuerpo de la madre”. “Las fantasías —que se vuelven más elaboradas y se refieren a una variedad más amplia de objetos y situaciones— continúan durante el desarrollo y acompañan todas las actividades; nunca dejan de jugar una gran parte en la vida mental. La influencia de la fantasía inconsciente en el arte, en el trabajo científico y en las actividades de la vida cotidiana no puede ser sobrestimada”.



El amor a los niños y la pedofilia.

La violación sexual cometida en contra de mujeres adultas o adolescentes, acaso ¿Esconde un deseo de violación hacia los infantes? O ¿Será la seducción hacia los niños el primer intento de violación hacia las mujeres?
En la “Revue Frangaise de Psychanalyse” en un artículo dedicado a la pedofilia Paul Denis y Denys Ribas recuerdan que la leyenda de Edipo comienza por la seducción de Crisipo, hijo adolescente de Pélope, por parte de Layo, quien será el padre de Edipo. Crisis a causa de ese acto, avergonzado, se mata. Siguen posteriormente toda una serie de maldiciones que conducirán a la tragedia que ya conocemos.
Ahora bien, existen varias formas de pedofilia, desde los actos apoyados en una seducción sutil hasta los que alcanzan la formas violentas, incluso seguida por el homicidio hacia la víctima. Obviamente en cualquiera de sus formas la pedofilia es, antes que nada, un acto de agresión.
Para ilustrar esta psicopatología veamos un caso clínico: Se trata de un sujeto de cincuenta años, que su caso fue presentado por un equipo de psicoanálistas en Suiza, en el marco de una supervisión regular de su trabajo.
Pedófilo reincidente y a menudo violento, su historia permite abordar numerosos problemas vinculados a esta perversión.
Este sujeto de estatura impresionante, fue condenado en repetidas ocasiones por hechos idénticos. Presenta el lenguaje habitual: “Ama a los niños, sabe ocuparse de ellos, los niños lo aman, sueña con ser educador, quisiera tener hijos propios…” Aunque nunca pudo tenerlos pese a dos parejas con las cuales vivió. En cambio, no resistió a la seducción sexual de los hijos que tenían su par de parejas.
Durante el psicoanálisis mencionó un número impresionante de víctimas, niñas y niños, llegando a veces a la sodomía aunque se sospecha de cierta jactancia al respecto, ahí están las condenas repetidas para indicar la gravedad de su conducta.
Los comportamientos activos de pedofilia comenzaron desde su pubertad, unos años después de haber sido seducido por su padre y a menudo sodomizado en el curso de una relación continua, en ocasiones prestado a amigos de su progenitor. Por supuesto que se piensa —desde un punto de vista psicoanalítico— de una identificación con el agresor, con repetición sobre otros niños de los actos padecidos por el propio sujeto.
El redescubrimiento de Sandor Ferenczi en los últimos años volvió a poner a la orden del día este fenómeno. En realidad, si bien no se puede negar que en el presente caso y en muchos otros, la conducta del padre ejerció una influencia decisiva para la repetición de estos lamentables acontecimientos, es preciso apreciar sus efectos múltiples en el seno de la organización psíquica del sujeto en cuestión, constituida por la trama de su historia infantil. Aunque es de llamar la atención, que tampoco se trata de una simple consecuencia de “causa-efecto”, concebida desde una perspectiva mecanicista.


viernes, 4 de agosto de 2017

La agresión como componente para el incremento de la excitación sexual.

Robert Jesse Stoller señaló la presencia esencial de la «agresión» como componente para el aumento de la excitación sexual. Asimismo subraya la importancia que guarda el «misterio» entre la pareja para su excitación sexual, describiendo los factores anatómicos y fisiológicos que, en interacción con los deseos inconscientes y peligros edípicos, contribuyen a las cualidades excitantes y frustrantes que son una parte importante de ese misterio.
El misterio induce y refleja la fantasía sexual suscitada en por el Complejo de Edipo, que aunque es inconsciente no deja de tener una fuerza vital. Stoller hace hincapié en la función de la excitación sexual en la recreación de situaciones peligrosas y potencialmente frustrantes (relaciones sexuales en lugares públicos, preámbulo erótico en el cine, automóvil, etcétera) y en su superación mediante la gratificación de la fantasía y el acto sexual específicos. De modo que, en los términos de la capacidad para la excitación sexual y el deseo erótico y para la integración de las relaciones objetales preedípicas y edípicas como parte de las relaciones amorosas maduras, la integración de la libido y la agresión, el amor y el odio, gradualmente emergen como un aspecto principal de la capacidad para las relaciones amorosas, pero también en su aspecto psicopatológico.
Las facetas sadomasoquistas de la “sexualidad perversa polimorfa durante la infancia” proporcionan una importante energía impulsora para la fusión sexual en la adultez; un predominio excesivo de la falta de cuidado corporal tierno a cargo de la madre y del padre, así como experiencias traumáticas de abuso físico o sexual principalmente durante la infancia puede suprimir la capacidad para la respuesta sexual o interferir en la consolidación o el desarrollo del afecto de la excitación sexual en la edad adulta. A la recíproca, una represión excesiva de la agresión, las prohibiciones inconscientes contra los componentes tempranos y agresivos de la sexualidad infantil «perversa polimorfa», pueden inhibir significativamente y empobrecer la respuesta sexual.
El tipo más frecuente de inhibición sexual supone algún grado de supresión o represión de la sexualidad infantil perversa polimorfa, y que esta inhibición sexual gravita considerablemente en el empobrecimiento de la vida amorosa de parejas cuyas relaciones emocionales son en otro sentido satisfactorias.
Es muy común encontrar parejas —que acuden a psicoanálisis— manifestando tener relaciones sexuales frecuentes con su respectiva pareja, con excitación sexual y su respectivo orgasmo, pero con una creciente monotonía, es decir una vaga sensación de insatisfacción y aburrimiento, de sentirse vacíos inmediatamente después del coito. En consecuencia, en el área de la excitación sexual, tanto la falta de integración de la agresión como su exceso pueden inhibir la relación amorosa.
El mismo proceso aparece en las relaciones objetales dominantes de la pareja. La falta de integración de las relaciones objetales internalizadas “totalmente buenas” y “totalmente malas” (Melanie Klein) conduce a una idealización primitiva en las relaciones amorosas de la organización límite de la personalidad; la carencia de realismo propia de la idealización lleva fácilmente al conflicto y la destrucción del vínculo. Una idealización que no tolera la ambivalencia, que es fácilmente destruida por cualquier agresión en la relación, es por definición frágil e insatisfactoria, y los partenaires carecen de capacidad para una profunda identificación mutua. Pero la integración de las relaciones objetales que prenuncia el dominio de los conflictos edípicos avanzados, con la correspondiente tolerancia a la ambivalencia, también significa el surgimiento en la relación de una agresión que debe ser tolerada y es potencialmente peligrosa para el vínculo.
La tolerancia a la ambivalencia facilita la activación de guiones inconscientes y de la identificación proyectiva mutua de relaciones objetales internalizadas patógenas pasadas, de modo que la tolerancia a la agresión como parte de la relación ambivalente de la pareja la enriquece enormemente y asegura la profundidad que ha sido señalada como parte de la “identificación genital” por Michael Balint, o la “preocupación por el otro” por Donald Woods Winnicott. Pero la agresión excesiva amenaza a la pareja con un conflicto intolerable y con la ruptura potencial de la relación.


La memoria somática y la toxicomanía.

Los efectos que producen el consumo de la sustancia tóxica estrechan el espacio existente entre psique y cuerpo, distinción que sorprende al sujeto porque su cuerpo lo sentía como uno.
Algunos neurocientíficos con sus investigaciones piensan que sus hallazgos marginan al psicoanálisis pero muy por el contrario proporcionan evidencia que existe un alma y un soma, por decirlo de manera figurativa.
La laminación de las áreas corticales del cerebro muestra la recuperación de áreas sensoriomotoras (orgánico) y un corte de la Soul que no coincide con este organicidad* (por ejemplo, el área que representa los labios es proporcional a la unidad oral, y no a las necesidades orgánicas de la boca…).
La psique cubre constantemente el cuerpo y lo anima a este, de modo que todo movimiento orgánico tiene su traducción psíquica inmediata, como la tiene de hecho cualquier enfermedad orgánica por medio del síntoma.
El efecto de la sustancia química por lo tanto reduce la distancia entre el cuerpo y la psique; el producto puede ser tanto en la actividad de la unidad en sí, una especie de hinchazón y hacer soportable la cenestesia a nivel sensorial, lo que aumenta la velocidad del pensamiento y producción de ideas.
Una vez más, la neurología demuestran que algunos psicotrópicos actúan en las áreas sensoriales localizadas en el lóbulo derecho (opio, hachís, etcétera), mientras que otros actúan en el izquierdo, en la zona simbólica de idioma (anfetaminas, cafeína, cocaína, etcétera).
En este sentido, el farmakon reemplaza la psique por el cuerpo por lo que la abstinencia conlleva una sensación como si se tratara de la mutilación de alguna parte del cuerpo. El cuerpo reemplaza la urgencia del deseo, y nunca será olvidado esta función reconfortante, incluso mucho tiempo después de una desintoxicación completa.

*Organicidad: Es un concepto etiológico, es decir, un concepto relacionado con las causas de las enfermedades. Se dice que un signo o síntoma es indicador de organicidad cuando cabe suponer que la causa es orgánica o física (en oposición a una causa psíquica).




El inconsciente y las palabras.

El descubrimiento del inconsciente nos mostró que está es una «no-conciencia»; regularmente se tiene la creencia que en el inconsciente es donde se guardan los recuerdos de la temprana infancia, donde están reprimidos los traumas, donde se oculta el origen de la psicopatología en general, etcétera, obviamente esto es en parte cierto pero no resulta tan simple como a primera vista se piensa; además el inconsciente no resulta ser una parte tan alejada del sujeto como se imagina.
El inconsciente se «vislumbra» cuando el sujeto pronuncia y articula las palabras del lenguaje para dar su discurso, de modo tal que si tuviéramos que definir de manera concisa el inconsciente resulta ser una “tesis” —verificada en la clínica psicoanalítica— que consiste en el hecho de que «cuando hablamos en realidad no sabemos lo que decimos». Creemos saberlo, pero en realidad ignoramos lo que decimos de nosotros mismos cuando hablamos de cualquier cosa a la que nos referimos. Para ejemplificar podemos citar al sujeto que asiste a un grupo de Alcohólicos Anónimos, que antes de subir a tribuna esta “pensando” que va a decir, los temas que abordará cuando haga uso de la palabra, pero llegado el momento hablará de cosas que ni siquiera había pensado, omitirá otras tantas cosas que deseaba expresar y terminará su discurso con un tema que no había “pasado por su cabeza”; cuando baje de tribuna simplemente tendrá la sensación que sus ideas —pensadas de antemano— se le “escurrieron de las manos”, no manifestó todo lo que tenía que expresar o dijo más de lo pensado.
Jacques-Marie Émile Lacan fue quien formuló que el inconsciente está estructurado como un lenguaje.
La principal característica del inconsciente es ser “dinámico”. El término “inconsciente dinámico” típicamente significa el inconsciente psicoanalítico. Pero, ¿Qué significa en este contexto, la palabra “dinámico”? En esencia significa que las representaciones mentales están vinculadas por ciertas motivaciones por lo que pueden pasar de un estado consciente a uno inconscientes y viceversa. Por ejemplo, un trauma puede ser «olvidado» porque es demasiado doloroso o difícil de simbolizar para la economía psíquica, pero que, en determinadas condiciones puede volver a la consciencia (en un sueño, o transcurrido algún tiempo un evento fortuito puede vincularse al trauma y reaparecer de manera sorpresiva) esto significa que podemos «recordarlo» y tal vez podemos tener un llanto “liberador”, como en algunos casos de la elaboración de duelo.
Como sabemos, el psicoanálisis postula que el precio a pagar por esta representación inconsciente puede ser un síntoma (inhibición, manía, depresión, paranoia, etcétera) síntoma que de repente puede desaparecer si se articula de manera adecuada por la parte consciente para regresar al inconsciente de forma reestructurada, eliminando en gran medida su carga pulsional que lo hacía perjudicial.
Otro ejemplo son los lapsus, actos fallidos, los olvidos… Por ejemplo, un sujeto no quiere realizar cierta llamada telefónica, por lo que siempre se le olvida, pero de pronto regresa el recuerdo de hacerla y la sigue posponiendo argumentando un sin fin de pretextos, se da el caso que siempre decide resolver antes otro asunto, acabado el cual ya no recuerda la llamada telefónica, y así sucesivamente; o incluso puede llevar a cabo el fenómeno de “generalización”; olvida, por seguridad, todas las llamadas, hasta aquellas que no están conectadas con esa llamada de teléfono desagradable que debe hacer.
Según cierta concepción del inconsciente, los recuerdos olvidados (o mejor dicho, reprimidos) son depositadas en el inconsciente dinámico como si fuera un almacén, de donde se pueden recuperar “parcialmente” ya que la memoria elabora continuamente todos los recuerdos, ya sean los de la primera infancia o los del día anterior, transformándolos según los deseos, las expectativas, las experiencias sucesivas, etcétera por lo que es imposible recordar “exactamente” lo que se ha olvidado. Debemos hacer la aclaración, ya que los contenidos inconscientes son siempre remodelados, que nunca se transforman completamente en otra cosa, pero mantendrán un aspecto de su significado original.


El psicoanálisis no cura sino articula la verdad.

“Hay algunos hombres tan necios que si una sola idea aflorara a la superficie del cerebro, ésta se suicidaría aterrada de su soledad”. Émile Michel Cioran.

La perspectiva psicoanalítica centra su interés en la singularidad de cada sujeto, donde solo él es quien puede dar respuesta a su síntoma, y una vez ocurrido esto se origina la sustitución del «Goce» de la sustancia en el cuerpo por el de la palabra. De esta manera el toxicómano es casi un paradigma de un mundo de solitarios consumidores, que rechaza el vínculo con el Otro, su intoxicación ésta en ruptura con la Ley* (La ley, al demarcar lo permitido y lo prohibido, permite al humano el ingreso al universo simbólico donde es posible sustituir lo ausente, lo prohibido, por otros objetos o signos), que implica un Goce no articulado. La meta del enfoque psicoanalítico no es “curar” sino articular la verdad.

*La Ley es un concepto usado en psicoanálisis lacaniano para significar al conjunto de normativas que se instalan en el inconsciente de un sujeto durante la infancia. En tal sentido la Ley​ tiene mucho en común con el Superyó descrito por Sigmund Freud.
La Ley es considerada específicamente como procedente de quien cumple la función paterna, éste puede ser el padre (biológico o cualquiera que ocupe su lugar estructural). Así el significante padre instaura la Ley separando al infante de la madre y mediante esta separación el sujeto es integrado en el orden simbólico del lenguaje, del discurso de la cultura. Además de imponer normativas inconscientes, la Ley organiza racionalmente al psiquismo del sujeto.


El narcisismo y los celos.

En los sujetos con personalidad narcisista podemos observar la ausencia de la capacidad para sentir celos, a menudo indicativa de la ineptitud para un compromiso profundo con el otro, lo que hace que la infidelidad carezca de importancia.
La ausencia de celos puede también sugerir que existe la fantasía inconsciente de ser tan superior a todos los rivales que la infidelidad del partenaire es impensable. Pero, paradójicamente, los celos surgen después del hecho, los celos intensos pueden reflejar la lesión narcisista que experimenta el sujeto narcisista cuando un partenaire lo abandona a él o ella por algún otro.
Los celos del narcisista llegan a sorprender particularmente cuando desatendió o trato con desdén a su partenaire por lo que puede desencadenar la agresión y empeorar sustancialmente el vínculo. No obstante, al mismo tiempo reflejan también una capacidad para investir en otro e ingresar en el mundo edípico. Como lo ha señalado Melanie Klein, la envidia es típica de la agresión preedípica, particularmente oral, mientras que los celos dominan en la agresión edípica.
Los celos provocados por una traición real o fantaseada ponen a veces en marcha un deseo de venganza, y con frecuencia toman la forma de una triangulación invertida: el deseo inconsciente o consciente de ser objeto de una competencia entre dos personas del otro género. Al elegir partenaire, los sujetos narcisistas se perjudican por su incapacidad para apreciar profundamente a su pareja. Este déficit contribuye a generar una combinación que puede ser peligrosa: las cualidades “ideales” del partenaire son desvalorizadas en razón de la envidia inconsciente, mientras que la realidad de su personalidad se experimenta como una invasión, una coacción, una imposición, que el sujeto interpreta como explotadora y que, una vez más, le provoca envidia.
Un partenaire elegido porque él o ella admira las cualidades del narcisista puede ser rápidamente desvalorizado cuando esa admiración se da por sentada. En cambio, el encuentro del narcisista con una pareja capaz de una relación afectuosa puede provocar una intensa envidia inconsciente, precisamente a causa de esa capacidad que el narcisista sabe que a él o ella le falta.
En la medida en que el narcisista tiene algún desarrollo Superyoico y experimenta culpa por no poder retribuir el amor que recibe, él o ella experimenta una acrecentada sensación de inferioridad, que hace esfuerzos secundarios para defenderse de esos sentimientos de culpa buscando defectos en el partenaire, que justificarían la imposibilidad de retribuir. Existen entonces dos posibilidades: el desarrollo inadecuado del Superyó alienta la indiferencia, la falta de preocupación por el otro, la insensibilidad, que distancia a la pareja, o bien la existencia de algún funcionamiento Superyoico genera la proyección de sentimientos de culpa sobre el partenaire, lo que introduce una calidad paranoide en la relación; recordando que la paranoia es una forma “deformada de homosexualidad”.


El narcisismo y la promiscuidad.

La idealización que realizan las mujeres por hombres con personalidad narcisista es expresada con un intenso entusiasmo amoroso aunque suele ser efímero, esto regularmente ejerce una poderosa influencia sobre las mujeres, en particular las que tienen un potencial masoquista significativo o se sienten inseguras acerca de su atractivo femenino.
También podemos observar mujeres narcisistas que se sienten atraídas por hombres cuyo sentimiento de superioridad y grandiosidad gratifica la necesidad que ellas tienen de un completamiento narcisista con lo que podríamos denominar un «gemelo heterosexual».
En las mujeres narcisistas con tendencias de promiscuidad sexual subyace una idealización del partenaire transitoria e inmediatamente una desvalorización hacia él. La sociedad patriarcal tradicional refuerza la promiscuidad sexual en los hombres, pero la repudia en las mujeres. Las costumbres patriarcales quizá vuelquen el odio a los hombres de las mujeres narcisistas en una relación de explotación con el matrimonio y los hijos. “Paradójicamente, el feminismo puede alentar la promiscuidad sexual en las mujeres con una psicopatología narcisista, que se identifican con una sexualidad masculina percibida agresivamente”.
Si, debido a su intensidad, el desplazamiento de la agresión desde la madre al padre no resuelve la ambivalencia de la niña en sus primeros años de de vida respecto de la primera, el miedo y el odio a la progenitora pueden llevar a la búsqueda de una madre sustituta idealizada, lo que por lo general supone decepción y resentimiento. Por la misma razón, la búsqueda de una relación más gratificante con los hombres puede convertirse en una identificación inconsciente con ellos (es decir, en una renegación secundaria de esta dependencia amenazante) y evolucionar como identificación homosexual de la mujer narcisista con los varones: “ella busca una relación homosexual con mujeres, sobre las cuales puede proyectar sus propias necesidades de dependencia”. En ocasiones la homosexualidad de motivación narcisista en las mujeres gratifica la fantasía inconsciente de tener ambos géneros al mismo tiempo, niega la dependencia respecto del padre odiado y envidiado e invierte la peligrosa dependencia respecto de la madre.
Una identificación inconsciente con una madre narcisista, fría y rechazadora puede expresarse en actitudes exhibicionistas y seductoras controladas hacia los hombres, en un esfuerzo por dominarlos y explotarlos, lo que gratifica las necesidades sexuales de la mujer y la protege de la envidia.
Con bastante frecuencia, las mujeres narcisistas aceptan como un partenaire estable a un hombre al que consideran «lo mejor», buscando en una relación inconsciente de «gemelos heterosexuales» que representa la solución a la envidia inconsciente a los hombres. Esto puede conducir a lo que parece una relación masoquista, en el sentido de que estas mujeres tienden a desvalorizar a un hombre en cuanto él responde a ellas; permanecen fijadas a hombres distantes cuya misma inaccesibilidad permite que su idealización subsista sin cuestionamientos y los protege de la desvalorización. Algunas mujeres severamente narcisistas mantienen alianzas autodestructivas prolongadas con hombres extremadamente narcisistas cuyo poder, fama o talento poco comunes les da el aspecto de figuras masculinas ideales. Otras mujeres narcisistas, más exitosas desde el punto de vista social, se identifican plenamente con esos hombres idealizados, se experimentan inconscientemente como la verdadera inspiración de ellos y a veces terminan gobernando sus vidas.
Algunas mujeres narcisistas combinan la búsqueda de un hombre ideal con una igualmente intensa desvalorización del partenaire, lo cual las lleva a pasar de un hombre famoso a otro; no obstante, otras mujeres encuentran que ser el poder detrás del trono gratifica las necesidades narcisistas y compensa la envidia inconsciente a los hombres. «Mientras que la promiscuidad sexual en los hombres es en gran medida de tipo narcisista, la promiscuidad sexual de las mujeres puede ser de origen narcisista o masoquista».