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"Si llega inadvertidamente a oídos de quienes no están capacitados ni destinados a recibirla, toda nuestra sabiduría ha de sonar a necedad y en ocasiones, a crimen, y así debe ser". Friedrich Wilhelm Nietzsche.

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domingo, 25 de junio de 2017

La maternidad perversa.

En el campo de la salud mental, es difícil encontrar investigaciones que versen sobre la «maternidad perversa», muchos “profesionales” en esta área la desconocen o incluso hasta la niegan.
“El concepto de perversión del instinto maternal encaja en todos los hechos que he observado sobre la etiología de la esquizofrenia. Encaja en el comportamiento de las madres de esquizofrénicos, en el material obtenido de los pacientes psicóticos, y en el hecho biológico de que cualquier instinto, al expresarse, puede quedar sujeto a la perversión. Considerando la gama de instintos, no se me ocurre ninguno que no esté sujeto a esta norma. No se me ocurre ninguno que no pueda ajustarse a la relación errónea objetivo-objeto que denominamos perversión [...]. El envenenamiento proviene de la madre perversa que no está dotada de esa armonización divina que hace que comprenda el porque del llanto de su hijo y que le permite devolverlo a un mundo de felicidad omnipotente [...]. El niño debe crecer. Si uno de los progenitores sufre de un instinto maternal perverso, el niño se ve obligado a crecer desde el principio sobre una base psicosexual debilitada”. John Nathaniel Rosen.

La función materna.

Se considera culturalmente que el desarrollo “normal” del hijo depende primordialmente de una maternidad sana, en donde el cuidado del vástago es una fuente de placer para las mujeres en el proceso de convertirlos en seres humanos independientes, creativos, seguros de sí mismos, etcétera con sus propias características que los hace únicos respecto a los demás.
Donald Woods Winnicott considera que los bebés construyen su verdadero Yo al gozar de una maternidad suficientemente buena, sin embargo, es más fácil decirlo que llevarlo a la práctica de manera puntual y eficiente, ya que las madres también son hijas de sus progenitoras y por tanto son portadoras de su propia plétora de experiencias y traumas muy particulares. “La forma en que las mujeres ejercen su función de madres se repite durante generaciones”; incluso podemos observar de forma frecuente que: “La madre continúa ejerciendo sus funciones como tal mucho después de que finalice la dependencia abierta de su hijo, prolongándose su ejercicio hasta la vida adulta de la siguiente generación, portando las características implícitas en su condición de abuela”.

La masturbación en la niña.

La exploración que lleva a cabo la niña sobre su cuerpo, no únicamente la encamina a la masturbación de la zona clitoridiana-vulvar; sino también a una masturbación nasal, oral, anal y umbilical, siendo esta última la cual despierta sensaciones ventrales internas vinculadas con el meato urinario y con la vulva. Finalmente podemos observar la masturbación menos común, la del pezón, que muy posiblemente surja como resultado de apaciguar dolores profundos y ansiedades sentidas como castradoras. Cabe señalar de manera enfática que la curiosidad y los descubrimientos de sensaciones autónomas, que la niña se da a sí misma, no se deben reprochar ni tampoco estimular cuando son verbalizadas ante la madre o algún otro adulto.

El sano desarrollo psicosexual de la niña.

Si a la niña es educada por una madre que no presenta frigidez, que es maternal y sobre todo se encuentra sexualmente satisfecha por su partenaire, y este último representa una figura paternal para la niña (aunque no sea el padre biológico), esto constituye la base armónica para que la niña adquiera un comportamiento emocional femenino, defina su deseo heterosexual que la conducirá a una vida sexual plena cuando alcance la adultez.

El embarazo como venganza en la adolescencia.

Podemos observar que algunas madres se enorgullecen y hacen alarde de sus hijos varones adolescentes y obtienen una satisfacción narcisista cuando por equivocación los demás atribuyen una relación de pareja entre ellos; pero las mismas progenitoras, cuando van en compañía de sus hijas adolescentes y atractivas, se sienten disminuidas en su narcisismo e ignoradas por los hombres que halagan a sus hijas.
La belleza radiante de los cuerpos de las jóvenes se hace aun más evidente a medida que sus madres envejecen. Surge entonces una tremenda competitividad consciente o no, especialmente si las madres se aproximan a la menopausia.
En el caso del hijo varón adolescente, al compararse con su padre, puede llegar a sentirse insuficiente y disminuido, pero en última instancia acepta que sea el padre quien vaya al frente. El padre rara vez compite con sus hijo varón de una forma tan abierta como lo hace la madre con su hija adolescente.
Al adolescente (hombre) le resulta más fácil que a la adolescente (mujer) transferir a otra fémina la afición que siente por su madre, ya que durante su infancia del varón su madre fue el primer objeto amoroso. Mientras que la niña debió transferir su apego de la madre al padre.
Si durante el Complejo de Edipo el padre rechazo a su hija o fue apático con ella, posiblemente esta niña intente vengarse inconscientemente de ese desamor sufrido por el rechazo paterno, embarazándose en los primeros años de su adolescencia.

jueves, 22 de junio de 2017

La pornografía satisface las necesidades voyeuristas y sadomasoquistas.

“¿Para qué sirve nuestro cuerpo sino para hacernos comprender lo que la palabra torturador significa?” Émile Michel Cioran.

Para la mayoría de los sujetos la pornografía es la representación de mujeres desnudas y acoplamientos sexuales heterosexuales. El hecho de que estas “escenas pornográficas” no contengan nada desconocido, paralelamente simbolizan algún tipo de solución para la ansiedad, frustración, ira etcétera de los conflictos que aparecen en la sexualidad.
Si fueran “normales” estas “escenas” en el sentido de que son la expresión biológica universal de una búsqueda no-confrontacional con el placer, la desnudez tendría entonces el valor de fetiche sexual (que no es el caso) y no sólo en sociedades como la nuestra donde su lado provocativo proviene precisamente de la frustración de la sexualidad.
En la pornografía, ya sea a través del texto, imagen o película todo mundo sabe los papeles correspondientes de los protagonistas y lo que se va a llevar a cabo. Sin duda, la pornografía no es sólo un sustituto del objeto
apropiado para la relación sexual (aunque esto puede ser en parte cierto, especialmente durante la adolescencia). Pero si existe la pornografía es porque satisface las necesidades voyeuristas y sadomasoquistas que algunos sujetos no pueden satisfacer con su partenaire, incluso si es abierta y complaciente. Si el orgasmo genital es a final de cuentas el objetivo común, ya que proporciona el placer y el alivio de la “tensión perversa” necesariamente relacionada al coito, también resulta cierto que en algunos sujetos la perversión a menudo es llevada a cabo con objetos o únicamente con partes del cuerpo, donde el sólo orgasmo no puede aliviar completamente la tensión. Órganos como los ojos, piel, ano... y afectos como la angustia, depresión, enojo, etcétera —el psicoanálisis lo observa— se pueden erotizar, pero la tensión no se libera tan fácilmente como lo lleva a cabo los órganos genitales; esto es lo que brinda intensidad a la perversión, en su aspecto compulsivo y desesperado.

domingo, 18 de junio de 2017

La sustancia tóxica no se puede significar.

La relación del sujeto con su Goce, en este caso con el consumo de la sustancia tóxica, tiene que ver más con una «solución que necesita el sujeto, que una enfermedad difícil de curar»; para el psicoanálisis el tóxico es utilizado para obturar la Falta, también llamada división subjetiva. (Entendemos como Falta el hecho de que para Jacques-Marie Émile Lacan todo sujeto esta en Falta constitucionalmente) la cual nos muestra —como sujetos— que no estamos ni seremos nunca completos.
En la teoría lacaniana, el sujeto tiene dos maneras de significar esta Falta, es decir puede lograr obtener dos formas de salir de la angustia que causa el saberse en Falta. Y la que esta relacionada con el consumo del tóxico es la salida del fantasma. La ilusión por la vía del fantasma es la que engaña creyendo que se podrá llegar a encontrar ese objeto que vendrá a colmar su Falta existencial.
La otra forma esta en la de “significar”, el sujeto busca un objeto, sea cual sea y lo toma para poder ser completo, pero ese objeto esta intrincado con el significante de la repetición. Es decir, ese objeto resulta ser parcialmente lo que está buscando el sujeto y pasara el resto de su vida intentando encontrar un objeto que realmente lo colme; en ocasiones pensará haberlo hallado pero poco tiempo después se dará cuenta que no fue así, ya que nada puede llegar a obturar esa Falta.
Otro aspecto que podemos plantearnos es que el toxicómano por medio de su Goce le permite escapar de la realidad, y dejar de sentirse en Falta, prefiriendo un cierto equilibrio inestable con el consumo del tóxico, a tener que padecer los efectos devastadores de la Falta (que se traduce en angustia) constitucional.
Fabian Abraham Naparstk explica que la repetición en las adicciones tiene que ver con que el circulo del toxicómano esta al servicio de ese Goce repetitivo que no le deja pensar ni concretar nada, pero le sirve para desconectarse del mundo y lo encierra en una suerte de ensimismamiento. Ese Goce que se ubica lejos del placer, que no esta ligado a una moderación de la satisfacción sino por lo contrario a un exceso que concluye con la pulsión de muerte (efecto farmakon).
El sujeto toxicómano esta como adherido a un Goce sin posibilidad de significarlo (la sustancia tóxica no se puede significar como un objeto, desde el punto de vista del psicoanálisis), dando esto respuesta a que el toxicómano pocas veces acepta tener un problema en referencia a la droga, ya que realmente el no lo ve así y difícilmente se percata de los efectos de ese Goce que lo llevará a la ruina.
Jacques Alain-Miller sostiene que “con el nombre de toxicómano se designa a un sujeto que ha entrado en cierta relación con la droga y que consiste en definirse cada vez más, en simplificarse a si mismo, en esta relación con la droga”.

¿Qué es la pornografía?

La pornografía* surge como resultado de un mecanismo entramado de ensoñaciones diurnas donde ciertas actividades, generalmente pero no necesariamente sexuales, están representados en un texto, una imagen o un sonido destinado a la excitación genital. Esta representación adquiere la denominación de “pornografía” hasta el momento que se vincula con las fantasías conscientes o inconscientes del lector o el espectador porque realmente no hay nada pornográfico sin la fantasía que le otorga esa connotación. Lo que para alguien puede resultar pornográfico, por ejemplo coito grupal, para otro no lo representa.
Cada género pornográfico está basado en una necesidad perversa específica que respeta los detalles con la finalidad de activar la excitación en el sujeto; por ejemplo tratándose de una personalidad sádica la pornografía está dirigida a representaciones de actos crueles, humillantes, etcétera; de un fetichista representaciones de lencería, calzado, etcétera.
Como todas las perversiones, la pornografía es cuestión de gustos. El sujeto se identifica —conscientemente o no— con el personaje que observa, lee o escucha, ya sea desde una posición dominante o víctima; heterosexual u homosexual, según cada caso.
Como en todas las perversiones, el elemento central es un imaginario acto de venganza que resume toda la historia sexual del sujeto: fantasmas, recuerdos, fantasías, traumas...
En las fantasías (conscientes o inconscientes) articuladas con la pornografía existe una víctima, de hecho si no existe la víctima no es posible la pornografía.
El uso del material pornográfico es un acto perverso que tiene varios componentes, el más obvio, el voyeurismo. También existe el sadismo, algo regularmente muy disimulado (a menos que el sujeto sea un sádico patente); y por último, el masoquismo, un elemento que difícilmente acepta el sujeto porque se esconde detrás de una identificación inconsciente con la víctima.
Los actos perversos (no como Estructura) se presentan en los sujetos neuróticos o psicóticos, siendo necesarios para preservar y potenciar su excitación sexual, por cual la pornografía tendría como finalidad pretender corregir el desarrollo psicosexual por alguna inhibición y su uso simboliza una especie de ritual para contrarrestar dicha inhibición. Cualquier trayectoria bien definida y repetitiva de la sexualidad reduce la excitación a corto o largo plazo.

*Pornografía: Presentación abierta y cruda del sexo que busca producir excitación.

sábado, 17 de junio de 2017

La sustancia tóxica queda en el campo de lo Real.

Sigmund Freud nos señala el camino a la toxicomanía cuando manifiesta ­que la sustancia tóxica no tiene nada para “significar” por lo tanto queda atrapado al campo de lo “Real”. Es una figura de lo incógnito; razón por la cual no se puede presentar como un «objeto», en el sentido de una «relación de objeto», que supondría la implicación de un sujeto.
Hay que tener muy presente que aquellos temas psicoanalíticos que abordan a la toxicomanía, que designan un ­“objeto-droga” dentro de una relación con un sujeto, prácticamente están desvirtuando la terminología de la psicología profunda: No hay sujeto para un tóxico ni para un ­objeto-­droga­.

La libertad sexual.

“Podemos imaginarlo todo, predecirlo todo, salvo hasta dónde podemos hundirnos”. Émile Michel Cioran.

Los defensores de la “libertad sexual”, entre ellos sexólogos, sociólogos, biólogos, psicólogos cognitivos, etcétera afirman que si en una sociedad existe una “conducta frecuente”, entonces se convierte en algo “normal”.
Los razonamientos que usan para motivar sus ideas surgen principalmente de investigaciones en laboratorio y estadísticas; por ejemplo en cuanto a la “libertad sexual” manifiestan que la mayoría de los animales no son monógamos y el hombre, a fin de cuentas, se encuentra en el reino animal; que la homosexualidad se presenta en muchos otros animales, no es exclusiva de la raza humana; que la promiscuidad sexual es una característica generalizada en los hombres y mujeres; y otras cuestiones por el estilo. En cuanto a sus conclusiones afirman que las personas pueden disfrutar plenamente de sus cuerpos mientras no hagan daño a nadie, además de resultar agradable, estimulante y liberador. Justifican la “libertad sexual” para disimular una “neurosis colectiva” que paradójicamente la mayoría de las personas niega usando sus “Mecanismos de Defensa”. La libertad sexual se ha insertado como un engranaje en la sociedad posmoderna.
Esta “normalidad” atribuida a la libertad sexual fue con la finalidad que la palabra “perversión” desapareciera del “Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM), junto con algunas psicopatologías. Esto tiene como objetivo principal incentivar la psiquiatría para que los padecimientos mentales restantes del DSM tengan un tratamiento exclusivamente médico, ya la salud mental es un negocio millonario para la industria farmacéutica.
Ahora bien, surge la pregunta ¿Por qué si la mayoría de los integrantes de una sociedad llevan a cabo una conducta específica, no siempre resulta ser un comportamiento “normal”? Si ponemos de ejemplo, al pueblo alemán durante la Segunda Guerra Mundial, casi todos odiaban a los judíos, para quien se atreva a usar el razonamiento, este comportamiento no resulta ser “normal”. Si proseguimos con el escritor francés Tony Duvert que era un abierto pedófilo, varias veces homenajeado por el círculo de «ilustres escritores» franceses de su época, por sus novelas que enaltecían la pedofilia, seguramente ahora ninguna asociación de escritores se atrevería a homenajear a un pedófilo en circunstancias parecidas; o el controvertido informe “Kinsey” donde concluye que la homosexualidad está más extendida de lo que se creía, pasando a ser un comportamiento “común”.
Estas investigaciones de laboratorio o estadísticas regularmente tienen un argumento bien estructurado, arreglan meticulosamente los resultados y sus conclusiones sirven para que la sociedad las escuche de manera convincente; pero casi siempre encubren un propósito social, político, económico... para manipular a la opinión pública.
Para comprender la “libertad sexual” debemos abordar el tema de la “hostilidad” que se encuentra detrás de toda relación genital (desde el coito hasta obviamente la violación) pero lo que aquí nos importa, es la hostilidad que se encuentra encubierta, casi invisible en la relación sexual concertada entre los partenaires, por el contexto en que desarrolla.
El problema proviene que la “hostilidad” pasa desapercibida al momento de razonar sobre el acto sexual consensuado, por ejemplo, en el sujeto “Don Juan” donde su promiscuidad revela su hostilidad por las mujeres y su excelente seducción —casi de manera inocente— cautiva al público, un público sobre todo masculino que debe reunir como testigo de su actuación.
Lo que le interesa a este personaje no es el amor sino cautivar la atención de sus congéneres por el número de mujeres que poseyó y como se envilece por ello.
La emoción y la satisfacción que siente Don Juan no provienen de la estrecha relación que ha establecido con una mujer, tampoco del erotismo, ni siquiera del acto sexual; de hecho todo esto pasa a segundo término porque lo que él busca es superar la resistencia de la mujer que aparentemente rechaza sus propuestas. La mujer fácil no lo atrae. Esta incesante y frenética necesidad de probarse a sí mismo, encuentra su Goce en la multitud de conquistas y su cuerpo lo coloca al servicio exclusivo de su narcisismo, evitando el vínculo afectivo con el otro, o dicho desde el punto de vista del psicoanálisis: evita la castración. Desde esta perspectiva no debe entonces precipitarse para generalizar y afirmar que Don Juan utilizo su “libertad sexual” sin dañar a nadie porque fue un coito consentido que expresó únicamente la exuberancia sexual inherente a los mamíferos, y que además realizó estas múltiples seducciones para rebelarse y no sucumbir como esclavo de la sociedad posmoderna, al fin y al cabo ésta sociedad incentiva cualquier tipo de libertad sexual siempre y cuando no se dañe a terceras personas, o se les obligue hacer un acto contra su voluntad. Este personaje se ubica en la frase “Un saber que no se sabe”, o dicho de otra forma: El no querer saber nada de eso, es el velo que divide a Don Juan entre la “pasión de su ignorancia” y el saber sobre la “verdad de su Goce”. La publicación de libros, películas, juegos, etcétera donde se expresa la “libertad sexual”, encubre realmente a la promiscuidad.
La sociedad —casi en su mayoría— observa con tanta frecuencia esta libertad sexual que con el transcurrir del tiempo la transformó en un fenómeno inofensivo, forzada la opinión pública pasó de un acontecimiento “común” a un hecho “normal”: ¡Sí todo mundo lo hace, yo también tengo derecho hacerlo!