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"Si llega inadvertidamente a oídos de quienes no están capacitados ni destinados a recibirla, toda nuestra sabiduría ha de sonar a necedad y en ocasiones, a crimen, y así debe ser". Friedrich Wilhelm Nietzsche.

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lunes, 8 de mayo de 2017

El retorno al origen representado en el acto sexual.

Dinora Pines retomando la idea de Sandor Ferenczi hace un comentario sobre el coito y la fantasía inconsciente de regresar al útero: “La experiencia me ha demostrado que en ocasiones existe un deseo universal de recuperar la seguridad brindada por el útero de la madre. Un hombre puede llegar a cumplir este deseo inconscientemente al penetrar el cuerpo de su pareja sexual, en sus fantasías el de la madre, y puede sentirse satisfecho y satisfactorio para ella. Esta experiencia vivida durante su vida de adulto puede contribuir en gran parte a cicatrizar las heridas de su infancia. El cuerpo de una mujer sólo le permite lo mismo concretamente cuando ella misma se convierte en madre y puede identificarse tanto con su madre como con ella misma de pequeña”.

Los cambios psíquicos de la madre durante su embarazo.

La mujer conoce desde muy temprana edad que tiene un órgano reproductivo que, de darse el coito, puede conducirla al embarazo, acontecimiento que cambiará drásticamente su cuerpo, tanto temporal como permanentemente, y que además afectará profundamente su vida. Este cambio radical toma un rumbo distinto en las diferentes etapas del embarazo. Para empezar, el cuerpo extraño del embrión será responsable del incremento de la concentración libidinal del Yo y de un narcisismo temprano incrementado, que cesa cuando el feto comienza a moverse; a partir de entonces, se experimenta la existencia del feto como un objeto distinto dentro del Yo y es esta conciencia la que interrumpe el proceso narcisista de la mujer embarazada. Este “movimiento del feto es el inicio del primer contacto con el hijo e indica el despertar del cariño maternal en la madre... que es la necesidad de nutrir y cuidar a su hijo”. “El vástago siempre será parte de ella, y al mismo tiempo siempre seguirá siendo un objeto parte del mundo externo y parte de su partenaire”.
Estos conceptos son claramente relevantes si se considera el embarazo como una fase de desarrollo en el proceso de maduración y como una parte esencial del crecimiento. Sin embargo, deberíamos tener en cuenta los resultados psicopatológicos, sobre todo si consideramos el primer embarazo. Al fin y al cabo, estos cambios que sufren el cuerpo y las representaciones mentales de uno mismo, del objeto y de las relaciones objetales, con toda certeza alterarán para siempre la opinión que tenga de sí misma la mujer embarazada: “Una vez que se es adolescente no se puede volver a la infancia; una vez en la menopausia ya no se puede volver a tener hijos; y una vez que se es madre no se puede volver a ser una sola unidad”.

domingo, 7 de mayo de 2017

La explicación a la niña sobre la sexualidad adulta.

Entre los cuatro a ocho años de edad aproximadamente, en plena incandescencia emocional edípica, el hecho de observar o escuchar las relaciones sexuales de los padres o de otra pareja, así como las manifestaciones verbales de otros niños sobre el coito pueden llegar a producir un traumatismo en la niña, por lo cual será de suma importancia la relación afectiva existente entre la madre e hija para afrontar esta situación.
En efecto, a la edad en que la «angustia de violación» actúa por sí misma como estimulante de la voluptuosidad genital mantenida a raya por los sentimientos legítimos de inferioridad corporal (carencia de pene) de la niña, recurrir al entorno de seguridad representado por una madre comprensiva y amorosa resulta ser particularmente útil para la pequeña.
Cuando la niña refiere lo que ha oído decir sobre la sexualidad adulta y, por prudencia, testimonia su rechazo y su estupefacción frente a las declaraciones de los niños que sostienen haberlo presenciado, o escuchado, o visto en vídeos, revistas o libros, todo dependerá del modo en que su madre la reciba. Si la progenitora asiente sobre la exactitud de los hechos y agrega las nociones de deseo y de placer que forman parte de la vida sexual de los adultos, así como la de fertilidad eventual consecuencia del coito, esta acogida abrirá el camino a un desarrollo libidinal genital sano; pero si la niña es recibida con regaños, estupor, indiferencia... y entre menos aclaraciones se le brinden, tanto más culpabilizará sus pulsiones genitales.
Esta explicación de la madre hacia su hija con ocasión de esta confidencia permite que el acontecimiento contribuya a la serenidad del sentimiento de pertenecer al sexo femenino. Si en lugar de regañarla, castigarla o negar el hecho, la madre afirma la realidad de la penetración del pene en la vagina, que la niña ha observado por casualidad o que le fue contada por otros, si acompaña esta confirmación con la explicación —de la que carecen a menudo las niñas pequeñas— de la necesidad de la erectilidad pasajera del pene, si la madre le explica la motivación voluptuosa de este hecho, permitirá que su hija acceda a la comprensión del papel de la complementariedad del hombre y la mujer. Por supuesto, la madre debe aclarar que, cuando las personas son adultas y se aman, la entrega mutua de sus cuerpos surge por el placer que se brindan, donde esta excluido el dolor o la violencia que generalmente forma parte de las fantasías infantiles.
Tal conversación inducida por un acontecimiento fortuito, como ocurre siempre en esta época de la vida de una niña, aporta, con la realidad al fin completa, cierta seguridad en relación con las emociones perturbadoras que sintió y que reconoce muy bien en sí misma, quizás en los márgenes de su conciencia clara, sostenida por la indulgencia comprensiva de la madre. Así, la noción actual de la renuncia sexual al objeto adulto sólo queda mejor reforzada. Cuanto más se expliquen y conozcan las relaciones sexuales, tanto más neto será el renunciamiento, por motivaciones endógenas, por lo menos pasajeras, hasta la nubilidad, edad lejana aún para ella en la cual el aspecto físico de su cuerpo le es anunciado por su madre, que le explica que en algún momento se transformará semejante al de todas las mujeres adultas.

La Cosa: das Ding, psicoanálisis.

Existe un término en psicoanálisis introducido por Jacques-Marie Émile Lacan: La «Cosa», (das Ding), que se opone categóricamente a toda clase de objetos (die Sache), es lo que se coloca en el «Vacío». El «Vacío» es para los psicoanalistas una dimensión conocida, la «Cosa» vendría a ser lo que aquél encubre y no muestra.
El término «Cosa» se utiliza para dar un nombre a este punto último de la fascinación, como dimensión de aquello con lo que la relación sexual es regulada por el Falo.
Una vez establecida la “cadena significante” en la que el infante está envuelto desde antes de su nacimiento, el «Vacío» como punto de fuga de donde se alza una llamada a la que nadie es sordo, hemos esbozado el mapa de las principales avenidas del deseo en donde hemos encontrado el Falo, indispensable para orientarse en ellas, bastón ausente del peregrino que no va a ninguna parte pero que el tiempo lo conduce irremediablemente a su destino.

La sumisión del sujeto ante el capitalismo.

En el fondo el sujeto resulta ser más hipócrita de lo que se percata, hablando siempre por encima de sus posibilidades ante aquellas personas con las que se desenvuelve; esto indica que el Superyó, con toda su fuerza parasitaria, irrumpe en estos tiempos modernos.
Ahora bien, la verdadera fuerza conservadora —esa que impide una transformación radical— la que en suma, sostiene la hegemonía del capitalismo, no se encuentra únicamente en la ideología manipuladora de los medios de comunicación masiva, ni en las invasivas leyes de mercado, entre otras. Todo esto cumple su función, desde luego, pero sería insuficiente si no se entendiera —gracias al pensamiento de Sigmund Freud— que una civilización se sostiene fundamentalmente en la propia estructura psíquica «turbulenta» del sujeto que le impide avanzar.

La vigencia del Complejo de Edipo.

Se quiera aceptar o no, el Complejo de Edipo sigue vigente para todos, es una ilusión para el sujeto sentirse diferente, es decir, más moralista y con ello haber alcanzado un mayor grado de civilización respecto del hombre primitivo. En este contexto el Complejo de Edipo instaurado en el sujeto contemporáneo es «sin duda demasiado débil para impulsar al incesto, pero lo suficientemente fuerte para provocar perversiones», que se reflejarán en los trastornos sexuales: erotomanía, fetichismo, intercambio de pareja, frigidez, eyaculación precoz, disfunción eréctil, etcétera. Por lo tanto la fantasía edípica desemboca en la realidad y, lo que es más, la prohibición del incesto desempeña un papel importante en la cultura.

Las fantasías de la mujer embarazada.

Una fantasía común en mayoría de las mujeres embarazadas está relacionada con el temor de tener un hijo con malformaciones o minusvalías. El grado de gravedad de esta fantasía señala la aceptación por la fémina de la capacidad que posee su cuerpo de producir cosas maravillosas o desagradables.
El embarazo, como todas las etapas transitorias, reaviva los conflictos y ansiedades anteriores aun no resueltos. El choque inconsciente entre las fuerzas internas imaginadas de «dar vida» y «dar muerte» se resitúa ahora en la arena del nacimiento, una prueba que culmina en la constatación de si ella es «creativa» o «destructiva».

No existe la relación sexual.

Existe un planteamiento de Jacques-Marie Émile Lacan en relación a la pulsión, sobre si es posible o no la relación sexual.
Esta idea surge primeramente por Sigmund Freud donde la relación sexual existe pero el Complejo de Castración provoca un obstáculo. Por ejemplo, en su obra describe que en Schreber hay un coito asintótico con Dios, en Dora la relación sexual es una fellatio; además, Freud liga los síntomas con el tipo de relación sexual que se establece.
Ahora bien, retomando la idea de Lacan y aceptando el concepto de que no existe la relación sexual —para este autor— la castración tiene una función normalizadora; mientras que en Freud tiene una función perturbadora.
Para Lacan si no hay relación sexual, lo que produce el Complejo de Castración es la “esperanza” del deseo ¿Qué significa todo esto? Pongamos un ejemplo, tenemos una alberca y todos sabemos que es imposible respirar bajo el agua, esa es la posición que tiene la relación sexual, el nivel de la imposibilidad; pero si colocamos un letrero a un lado de la alberca con la leyenda: “Prohibido respirar debajo del agua” esto sería el nivel de la castración, que genera «deseo» para el sujeto inmediatamente. Este ejemplo de la alberca y el letrero es lo que Lacan dio a entender con su polémica frase: “No existe la relación sexual”.
El sujeto cuando empieza a imaginar un arreglo con lo imposible empieza irremediablemente a desear. Esto no significa tergiversar las relaciones sexuales sino tiene la función de llevarlo por otro lado distinto de la sexualidad freudiana. No facilita el respirar debajo del agua, facilita otra cosa, un «espacio ilusorio».

Goce, psicoanálisis.

El «Goce» desde el punto de vista del psicoanálisis no es sinónimo de placer; tampoco se trata de una conquista consciente del sujeto por obtenerlo, sino más bien lo atraviesa. El Goce se podría comparar al dolor.
El Goce le brindaría al sujeto una sensación de ese encuentro con algo ­«real» en el seno de una dimensión alucinatoria, pero que no puede ser de ninguna manera simbolizado.
Y por último podríamos decir que la forma en que se presenta el Goce implica una desaparición del sujeto, metafóricamente hablando.

miércoles, 3 de mayo de 2017

La ambivalencia.

Los ideales más sublimes a los que puede aspirar el ser humano se han visto desmantelados por el psicoanálisis, así la expresión de una pulsión intrínsecamente libre y creativa, queda definitivamente deconstruida.
La ambivalencia es la teoría por la cual se muestra la secreta complicidad entre los términos que se pretenden oponer. De este modo, la ambivalencia abarca todas las acciones que emprende el sujeto: pueden caer los opresores pero nunca la opresión (el revolucionario que alcanza la victoria se convierte en dictador), la emancipación puede ser el camino para instaurar un amo más cruel, el amor puede esconder una violencia homicida, la hostilidad una firme servidumbre afectiva hacia aquello que se odia, el psicoanalista —sin saberlo— puede ser el portavoz de la neurosis obsesiva que quiere interpretar lo imposible. Obviamente dicha neurosis se extiende a todas las ciencias, artes u oficios cuando se pretende llegar a la perfección.